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Muy temprano fui a la venta. Y ya, desde la reja las vi.

Cuatro mujeres, entre las cuales sobresalía doña Teo.

Imposible no verla con sus cien kilos, sus varices, sus eternas chinelas rosadas y esa risa única, muy parecida a un chivo con gripe.

Saludé a todas y cuando iba a pedir lo que buscaba, me asaltaron.

…Y usted apoya el paro, ¿o es como Jhonny nomaj? -me preguntó doña Teo, sin anestesia.

Antes que yo abra el pico, ella misma se contestó.

- Yo no apoyo a nadie; yo no vivo de la política, vivo de mi trabajo.

- Pero déjelo hablar puej doña Teo. Que nos explique lo del paro. -metió su cuchara doña Yaque, una señora que le presta plata a todos y es amarga de sacre.

Entonces traté de explicar… - Señoras, a todos nos afecta la política, porque existen decisiones del gobierno que afectan a…

- Oiga, y no lo he visto bloqueando; nosotros estuvimos todos estos días., me interrumpió doña Teo como si nada.

- Oiga, ¿y ya vio que mataron a un muchacho en Potosí?, seguro que fueron los ayudantes del Camacho -terció la señora de la venta, una masista enamorada de Milton Cortez, la misma que bautizó a su nieto con el nombre de Marcelomartins Lechugas Rojas.

¿Qué hacer?

Yo solo fui a buscar pan, una mantequilla y medio kilo de azúcar, con la idea de mezclar todo con agua ‘e palta y servir el desayuno a los diez hijos que tenemos con mi asiática. Cinco muchachos de ella, cuatros míos y el único nuestro: El pequeño Chang Pú.

Respiré hondo y solo dije:

- El paro no es para pedir que el presidente renuncie, tampoco es para dar golpe de estado a alguien, el paro es un pedido, para que no se aprueben ciertas leyes que nos harán daño…

- ¿Es verdad que el Camacho es mujeriego y que al comité cívico no entran collas y entre ellos nomás se eligen?, me cortó la señora de la venta.

Iba a decirles, que al Comité pro Santa Cruz están afiliadas como ciento cincuenta instituciones que representan a todos los cruceños, entre ellas los gremialistas y transportistas, pero entonces me salvó la campana.

El grito del pequeño Chang Pú en la acera del frente.

- ¡Papá!, dice mamá que el desayuno es pa ahora.

Al ratingo estaba yo en la choza. - Ya veo que te gusta la carne de primera ¿no?, vi cómo le mirabas a doña Teo. - me dijo muy seria mi asiática.

Incrédulo, solo atiné a persignarme.

Queee?

- ¿Y por qué carne de primera?

-pregunté atónito.

- De primera puej, ¡carne gorda y blandita! -respondió enigmática, mi hermosa flor de loto.

…Y no quiso besos al coto todo el día.

José Párraga-El Escribidor

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