Edición Impresa

Diez días que estremecieron al mundo

Carlos Hugo Molina 29/10/2019 03:00

Escucha esta nota aquí

El periodista norteamericano John Reed relató testimonialmente los acontecimientos que se produjeron durante la Revolución Rusa de Octubre de 1917, en un libro cuyo título me presto para el presente artículo. 

Encontramos en la prosa casi poética de Reed, la combinación de circunstancias, los acontecimientos ocurridos y la historia de sus protagonistas. Lenin y Trotsky se encuentran descritos en sus comportamientos y en el valor del liderazgo que les correspondió asumir.

“Eran las seis de la mañana. La noche había sido fría y pesada. Sólo una luz débil y pálida, como ultraterrena, se abría paso tímidamente por las calles silenciosas, haciendo palidecer las hogueras de los centinelas. La sombra de un temible amanecer se levantaba sobre Rusia.” (Fin del Capítulo IV)

Tomando la metáfora, hoy día se inicia por las acusaciones de fraude electoral, el séptimo día de un conflicto con tantos actores nacionales e internacionales y tan numerosos los acontecimientos cuestionados, que es difícil prever su tiempo de solución.

El Gobierno, fiel a su estilo de cansar al adversario, ha desconocido la magnitud del conflicto distrayendo con acusaciones de golpe de estado que no le han dado resultado. Esta sería la segunda vez en un periodo corto, en el que la inteligencia oficialista cae en el mismo error. 

El incendio de la Chiquitania, nos recuerda cómo, recién cuando se habían calcinado 500.000 hectáreas de bosque, se produjeron las primeras preocupaciones. La consecuencia fue de 5.5 millones de hectáreas quemadas que solo el agotamiento del material combustible y las lluvia, lograron detener.

El Tribunal Electoral sospechosamente ineficaz, se ganó una frase lapidaria de la Misión de la OEA que abrió el camino a la duda que vino después: “La Misión de la OEA manifiesta su profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares tras el cierre de las urnas.” Quienes conocemos el lenguaje diplomático, siempre pulcro y medido, no podemos menos que sorprendernos por la dureza de la expresión.

A la Misión de la OEA se han sumado NNUU, la Unión Europea y varios países preocupados lealmente por el destino del proceso electoral. Paradójicamente, han habido declaraciones poco felices de los voceros gubernamentales desconcertados frente a la magnitud de la movilización en los 9 departamentos y de todos los sectores sociales; la más complicada es la que ha expresado el presidente Morales: “Si hay fraude, al día siguiente convocamos a la segunda vuelta.” Alguien tendría que recordarle al presidente que hacerlo no es una de sus competencias, y que dejando de lado la confesión expresa, la existencia del fraude tendría que acarrear la apertura de un proceso penal por el delito cometido y dar respuesta a las tres dudas que la ciudadanía se plantea: ¿una segunda vuelta con el mismo órgano electoral, en las mismas condiciones, y con la distribución parlamentaria que le otorga la mayoría como consecuencia de esas cifras?

El escalamiento del conflicto continuará hasta encontrar el momento para una muy difícil, y espero No Violenta solución, que tendremos que encontrar en medio de estos días que estamos viviendo, tan especiales, raros, caídos del tiempo como diría Roberto Barbery Anaya. 

El final, ya lo adelantó Rafael Puente: “Que pena...has perdido toda credibilidad, y eso difícilmente se recupera. Realmente qué pena Evo y creo que no falta mucho para que te arrepientas. Pero será tarde.”