El Deber logo
5 de septiembre de 2018, 4:00 AM
5 de septiembre de 2018, 4:00 AM

El rey ha muerto, larga vida al rey; frase empleada antiguamente por los pueblos galos al anunciar la sucesión de la monarquía, parece más vigente que nunca en la sociedad boliviana que en tiempos recientes experimenta un incremento sustancial de la idolatría, que pretende reemplazar al Dios de la Biblia, en el que la mayoría de los bolivianos creen, por una serie de antiguos y nuevos ídolos.

Lo anterior resulta evidente por el uso actual del término supuestamente inocente de madre tierra, o pachamama en quechua, que se utiliza de forma generalizada para referirse a nuestro planeta, y que, sin embargo, es el nombre de una diosa andina de la fertilidad. Otro claro ejemplo es la llamada hoja sagrada, cuyo título se utiliza para referirse a la hoja de coca, utilizada por la cultura andina como energético, analgésico, e insumo en rituales ceremoniales y de la cual se obtiene el clorhidrato de cocaína.

Lo mismo ocurre con el año nuevo andino amazónico o, Willkakuti en aimara, recientemente establecido como fiesta nacional, que se celebra durante el solsticio de invierno y donde se da culto al dios sol, pidiendo su energía cósmica.

Como si lo anterior no fuera suficiente, se idolatra la figura del presidente con expresiones como: “Va a haber llanto y el sol se va a esconder, la luna se va a escapar y todo va a ser tristeza para nosotros” si él se va, o como otros han dicho, “Es un enviado de Dios”, y más grave aún cuando afirman que “el presidente Evo es como Cristo resucitado”. Sin embargo, la Biblia es clara al advertir sobre esto: “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador.” Ro 1:24-25.

Entendemos que esta corriente no surge espontáneamente ni es fruto de la casualidad, sino que es deliberada y tiene la intención de generar un cambio permanente en el sistema de creencias de nuestro pueblo y crear de paso lealtades incondicionales. Afortunadamente, aunque a muchos les duela y contrario a la tristemente célebre frase de Nietzsche, Dios no está muerto.

Tags