Opinión

Dios nos libre

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1 de agosto de 2017, 4:00 AM
1 de agosto de 2017, 4:00 AM

Finalmente se impuso a sangre y fuego la espuria Asamblea Constituyente en Venezuela. En una jornada manchada de sangre, la dictadura caraqueña decidió jugarse la última carta. Según sondeos de opinión, el 80% de la ciudadanía considera que es un acto ilegítimo destinado a perpetuar a Maduro en el poder y a establecer los lineamientos de una dictadura militar encubierta muy similar a la que la familia Castro impuso en Cuba.

Los latinoamericanos habíamos olvidado que este tipo de regímenes con la enorme carga de violencia y sangre que conllevan eran posibles. Dimos por sentado que los oscuros días de los tiranos que hacían y deshacían de las naciones bajo el terror de las bayonetas había sido extirpado definitivamente de nuestros países, ¿ingenuidad o exceso de esperanza? Venezuela es la más dramática muestra de nuestra equivocación. De hecho, están tan cerca y han obtenido un estatus de posibilidad tan evidente que no falta quien las apoye abiertamente y articule una sarta de argumentos falaces.

También es cierto que la vocación democrática de nuestros pueblos ha crecido enormemente a lo largo de los últimos 30 años en casi todos nuestros países. Una conciencia de las ventajas inherentes a la vida democrática ha calado la conciencia ciudadana profundamente; sin embargo, a la par del de- sarrollo de esa conciencia han tomado cuerpo nuevas concepciones y estrategias totalitarias. Hemos entrado en un momento de la historia en que otra vez, y de forma amenazante las fuerzas antidemocráticas y totalitarias pueden ganar espacios en la sociedad civil con tanta eficiencia como las fuerzas democráticas lo hicieron a finales del siglo pasado, el producto de esta dinámica de antagónicos es la polarización de la sociedad, un viejo artificio que siempre término beneficiando a los déspotas. 

Asistimos pues al retorno de las fuerzas más oscuras de la historia de la mano de los hombres más temerarios. Dios nos libre.  

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