Opinión

Discutibles visitas del sistema interamericano

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7 de febrero de 2019, 4:00 AM
7 de febrero de 2019, 4:00 AM

Luis Almagro, de nacionalidad uruguaya y secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha demostrado una ductilidad sorprendente, casi lindante con una doble faz. Mientras, por un lado se empeña en condenar al régimen dictatorial de Nicolás Maduro en Venezuela e impulsa acciones desde la OEA respaldadas por la comunidad internacional, he aquí que al mismo tiempo envía a Bolivia ‘observadores’ para las recientes elecciones ‘primarias’, otorgándole así un aval directo del organismo a la ilegal pretendida candidatura del binomio Evo Morales-Álvaro García para las elecciones presidenciales de octubre 2019. Recuérdese que el pueblo boliviano rechazó la posibilidad de una cuarta reelección consecutiva mediante un referéndum convocado nada menos que por el propio Gobierno. El pueblo dijo No de forma rotunda, por una diferencia de casi 140.000 votos. Luego, un tribunal complaciente -nada extraño en una administración que ostenta la suma del poder público- inventó el ‘derecho humano’ de reelegirse indefinidamente...

Una conducta incomprensible la del señor Almagro, quien además al poco tiempo de condenar las pretensiones de Evo Morales de eternizarse en el poder, sostuvo una reunión con él donde vertió frases efusivas hacia su persona, en actitud que hasta el momento no tiene explicación lógica. Para rematar esta paradoja, ayer llegaron a Sucre delegados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para “tener sesiones y tocar diversos temas”. Otro elemento insólito: la visita del ente representativo de los derechos humanos del hemisferio -que antecede a la Corte Interamericana de DDHH en importancia- sesionará en nuestro país, donde no se está respetando un derecho humano básico: respetar la voluntad popular expresada mediante el voto ciudadano.

Estas actitudes poco dignas del señor Almagro son realmente incomprensibles, al margen de ser también violatorias de la ética que imponen en conjunto el alto cargo que ocupa y las bases esenciales de la Carta Democrática Interamericana. El sistema hemisférico atraviesa una grave crisis de credibilidad debido justamente a este tipo de posicionamientos duales e inconsistentes que tanto este secretario como el anterior (el chileno José Manuel Insulza) han impuesto en una caótica OEA, no en vano bautizada tiempo atrás como “cadáver insepulto”. Urge renovar este cuerpo continental e impedir la reelección de personajes como Almagro que, en lugar de coadyuvar con los procesos democráticos en curso, solamente imponen confusión.

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