Opinión

Doctrina social de la Iglesia

Adhemar R Suárez Salas 27/7/2020 03:00

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En tiempo récord, el Papa Francisco logró una dimensión sacra: El orbe se ha rendido a sus pies seducido por su simbología austera y él no para de ganar popularidad entre fieles propios y ajenos. No es querible para muchas personas que lo acusan de manipular con las emociones y utilizar como una estrella de rock el marketing y los medios de comunicación. Y eso es lógico para cualquiera que busque cambiar algo en serio. Si lo ama un mundo en decadencia tenemos problemas.  A los fieles no les gusta que se destaque por encabezar encuestas de opinión y por copar las tapas de revistas y periódicos. Aunque hasta ahora su pontificado es un enigma, un reputado entendido en la materia ha dicho que “Francisco sorprende por su capacidad de tomar distancia en pocos segundos y volverse casi un desconocido. Asume muchas responsabilidades con increíble vitalidad, pero muchas veces no resuelve cuestiones de fondo que le imponen su condición de vicario de Cristo en la Tierra.

Sin duda, la parte medular del acervo de ideas es la llamada doctrina social de la Iglesia católica, contenida principalmente en las encíclicas papales que tocan temas políticos y sociales. De esto se desprende que hay una gran heterogeneidad en los planteamientos doctrinales de la democracia cristiana o social cristianismo, a pesar de su homologación internacional y de la creación de las organizaciones mundiales y regionales que agrupan a sus partidos y coordinan sus actividades.

Monseñor Jorge Novak, un reconocido obispo, ha dirigido sus dardos contra el entorno del Papa Francisco al que califica de frívolo y ortodoxo, aunque admira la inteligencia e integridad ética de su Santidad, al explicar que ahora debemos elevar nuestra mirada en un compromiso adquirido en Puebla y Medellín, donde el servicio social debe dirigirse directamente a mitigar el hambre y sed de justicia de los pueblos oprimidos y sojuzgados. Tenemos que cerrar filas en favor de las gigantescas migraciones que lastran su suerte en una suerte de danza de la muerte en busca de mejores días. Esto constituye una verdadera llaga que debería avergonzarnos a todos. Al respecto, pregunto: ¿Qué nivel de conciencia tienen los Gobiernos de turno para tolerar tanta infamia, tanto dolor, tanta angustia y tantas muertes? Ellos son los responsables del caos y hambruna que sacuden a los países subdesarrollados. Se repite el Éxodo de la Biblia, el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, y el espanto de las pestes que asolaron a la Humanidad.

La doctrina social de la Iglesia, ha demostrado a través de la historia, ser el único y eficaz instrumento para generar una sinergia dirigida a poner fin a la pandemia del abandono y la hambruna. Contamos con las reservas morales suficientes para que la juventud se levante, una vez más, en un revolucionario movimiento de solidaridad y compasión.