Opinión

¿Dónde está la “nueva normalidad”?

5/9/2020 05:00

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Fernando Crespo Lijeron - vecino de Porongo

Es totalmente cierto y comprobado que el humano es un animal de costumbres y resistente al cambio. Si repasamos algunos artículos, ensayos y notas escritas desde que empezó esta inesperada pandemia, se mencionaba con cierto grado de esperanza y a la vez de incertidumbre la mentada "nueva normalidad", cada uno de los autores ensayaban lo que podría ocurrir radicalmente diferente cuando pase este difícil momento, tanto en lo moral, social, económico y político; se habló del nuevo orden económico mundial y otras situaciones supuestamente nuevas.

Hoy después de más de 160 días de esta amarga experiencia, de haber perdido a seres humanos muy queridos y de ver partir a valientes anónimos que ofrendaron sus vidas en esta lucha desigual ante un enemigo invisible, nos encontramos con una realidad que penosamente no difiere en esencia a la anterior. 

Es evidente que los efectos de una paralización global de actividades por tantos meses traerá inevitablemente una recesión económica de magnitudes, para ese problema económico existen recetas conocidas y ensayadas en otras situaciones análogas, que en este caso aplicadas con mayor rigurosidad podrán ser efectivas para superar en el mediano o largo plazo esta crisis económica que ahora nos agobia; sin embargo, la mayor crisis que sufre la humanidad entera que es la crisis moral, no parece haber sido el foco de atención especialmente para quienes tienen la posibilidad de ser referentes en nuestras comunidades y por supuesto en cada uno de nosotros los individuos que la conforman.

Siempre con el ánimo de alejar el pesimismo que nos caracteriza, considero que aún estamos a tiempo de concentrarnos, reflexionar y hacer un esfuerzo de visualizar con más claridad donde radica el verdadero problema, que según los grandes pensadores de hoy y de siempre radica en el comportamiento individual de nosotros mismos. 

La crisis moral que, por el contrario de lo esperado, parece haberse agudizado observando el comportamiento cada vez más mezquino, indiferente y egoísta de quienes a diario son protagonistas de los medios de comunicación, de las poderosas redes sociales, de los líderes sociales, políticos y de otros grupos de opinadores con cierta influencia en la comunidad, que solo se ocupan de alentar el odio, la venganza, la discriminación y la división entre los bolivianos.

La esperada “nueva normalidad” para quienes probablemente ingenuos y soñadores es aún una esperanza del añorado cambio real y necesario en nuestro comportamiento individual y colectivo, para convertirnos en una sociedad más justa e inclusiva, que en esta dura experiencia justifique de alguna manera el sacrificio de tantos seres que inesperadamente partieron también con el sueño y la esperanza de un mundo mejor