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Dora, la explotadora

Maggy Talavera 16/2/2020 03:00

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Dora Vallejos nada tiene en común con Dora Márquez, a no ser el nombre. La primera es un personaje de la vida real, mientras la segunda, uno de ficción. Ésta es resultado tierno de la imaginación de tres productores estadounidense que recurrieron a ella para realizar una serie educativa. De ahí lo de exploradora, como nombre y adjetivo. Ya la primera, ¿fruto de quién es? Habrá quien responda “del acaso”, mientras que otros dirán “de sus circunstancias”. Sin duda, más lo segundo que lo primero, ya que nada es casual, mientras sí cabe intuir que la Vallejos llegó a ser lo que es hoy, una explotadora, como resultado de las circunstancias que la rodearon e influyeron en ella en estos últimos años.

Esas circunstancias tienen nombres y apellidos, lugares y fechas, hechos y cifras, datos de la realidad concretos. Y todas ellas giran en torno de una sigla partidaria, MAS, y de un modo de gobierno que heredó y perfeccionó las taras del pasado. Dora aparece de pronto como “la reina del Norte”, con al menos 38 propiedades agrícolas, 14 terrenos urbanos, 4 viviendas, 19 vehículos, dos cuentas bancarias, una con 42 millones de bolivianos y la otra con casi cuatro millones de dólares. Una fortuna valuada en alrededor de 150 millones de dólares y obtenida en los siete últimos años de sus escasos 37 añitos (salvo unos cuatro bienes que fueron adquiridos antes de 2013, según detalla EL DEBER en una de tantas notas aparecidas sobre Dora Vallejos en las últimas dos semanas).

Es mucho dinero para ganar “con el sudor de la frente” en tan poco tiempo. Demasiado, además, para haber pasado desapercibido ante las autoridades y entes fiscalizadores del sector financiero, esos que le preguntan a cualquiera el origen y el destino de los pinches mil o dos mil bolivianos que deposita o cobra en cualquier ventanilla del sistema. Mucho más sospechoso aun si se considera apenas un antecedente: Dora la explotadora no tiene por compañero de vida a un Botas, Mapa o Mochila, como los que acompañan a la otra, a la exploradora, sino más bien a uno más próximo a Swiper, el villano de la ficción. Bismark Carlos Padilla, esposo de Vallejos, registra antecedentes por denuncias de narcotráfico. Y el dato no es de ahora. El que sí es reciente es el que la relaciona a uno de los pilotos del avión privado descubierto en México con una tonelada de droga, el 29 de enero pasado.

Dora, la de la realidad boliviana, dice que su esposo es inocente y que ella de millonaria no tiene nada. Solo que nada de eso ayuda a explicar el origen de sus millonarios bienes. Algo ya observado hace poco en relación a los bienes de uno de sus tantos amigos, el exalcalde de Warnes, Mario Cronenbold, al que también la relacionan hoy las autoridades que la investigan. Solo hoy, hay que aclarar, ya que hasta antes de la renuncia y abandono de funciones presidenciales de Evo Morales, Cronenbold se paseaba feliz por las calles del país y por las páginas y pantallas mediáticas, haciendo gala de sus bienes, de sus autos de colección, del juguetito deportivo que compró en el futbol nacional, sin que nadie osara señalarlo con el dedo. Menos investigarlo. Hoy ambos están tras las rejas. Investigados.

Si seguimos el hilo de la historia de Vallejos, pueden estar seguros que habrá muchos más nombres para sumar a las circunstancias que hicieron de ella “la reina del Norte”. Cada vez más próximos a la cúpula del MAS que gobernó Bolivia los últimos casi 14 años. Toda una realidad escondida por las circunstancias, tan similar a la que vivimos en el país hasta septiembre de 1986, cuando tres muertes nos obligaron a enfrentarla. Ahora ha sido más bien la caída y huida del jefazo del clan el que nos ha vuelto a quitar de manera violenta la venda que insistimos en usar de nuevo. Pero, ¿será duradera esta vez? Ojalá, aunque tengo mis dudas sobre la voluntad real que tengamos para desenmascarar a tantas otras Doras, Evos, Gabrielas, Marios, etcétera, que continúan por ahí, unos agazapados y otros ni tanto, exhibiendo sus propios dotes de explotadores.