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Dos libros para nuestra historia

Carlos Dabdoub Arrien 20/2/2020 03:00

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En días pasados han sido presentados dos valiosos libros que narran verazmente los sucesos de octubre y noviembre pasados, y que concluyeron con la renuncia de Evo Morales. Uno de ellos está escrito por el destacado periodista y docente universitario Osman Patzi (Camacho, 21 días con fe). Se trata de un archivo de memoria oral. 

El otro, intitula Nadie se rinde. Una epopeya boliviana. Sus autores son Marcelo Suárez y Roberto Navia, también connotados y galardonados periodistas de EL DEBER. Son crónicas literarias de los días “en los que Bolivia utilizó las armas de la paz para despertar de una larga y oscura noche que duró 14 años”. No cabe duda que ambas obras establecen paradigmas históricos para las generaciones futuras, donde los testimonios y relatos que recogen sus páginas no son ajenos al lector, y quien las lee se siente protagonista de estos hechos gloriosos. ¡Estos libros narran historias, pero con verdad de vida!

¿Cuál podrá ser su impacto en el decorrer del tiempo? Al respecto, una vez Henry Kissinger, el entonces secretario de Estado estadounidense, preguntó al primer ministro chino su opinión sobre el impacto de la Revolución Francesa en la historia. Zhou Enlai le respondió que era difícil juzgarla por ser un suceso demasiado reciente y, en consecuencia, carecía de una perspectiva histórica. De este modo, en nuestro caso, seguramente solo el futuro podrá valorar esa huella marcada entrañablemente en la memoria del país.

¿Cómo fue posible que todo ello sucediera? Muchos creemos que fue un milagro, precedido por varios factores detonantes. El más influyente fue el referéndum 21F de 2016, cuando el voto soberano se opuso a la reelección presidencial. El tozudo desconocimiento del Gobierno central a este resultado, llevó el reclamo a las calles y a la formación de plataformas ciudadanas y redes sociales, muchas de ellas dirigidas por mujeres y jóvenes valientes. Un hecho posterior fue la “marea de los mandiles blancos”, que duró 47 días, con huelga de hambre incluida en la Navidad de 2017. 

Fue una disputa que comenzó como una simple protesta contra la judicialización discrecional y arbitraria del ejercicio profesional, que luego se convertiría en una movilización popular, consiguiendo la derogatoria del Código Penal. El reconocimiento al gremio de salud fue la entrega del Premio Libertad 2018 por la Asociación Nacional de la Prensa.

Luego, sumaría el infausto incendio de nuestros bosques chiquitanos entre agosto y octubre del año pasado, que devastó más de cinco millones de hectáreas y provocó la muerte de millares de animales silvestres. Un verdadero ecocidio. 

La desidia y los caprichos del Gobierno andinocentrista para no declarar desastre nacional, hirieron de muerte uno de los símbolos de la identidad oriental, nuestra fértil madre tierra. Mancharon el verde de la bandera cruceña, pero nunca lo consiguieron con la franja blanca, emblema de dignidad, hidalguía y nobleza del pueblo camba.

Más tarde, la presencia de más de un millón y medio de personas en el inolvidable cabildo del 4 de octubre pasado, convocado por el Comité pro Santa Cruz, evidenció la unidad de un pueblo y su firme decisión de luchar por la democracia y la libertad. Recién comprendimos que eran poderosos los malvados, no por ser más que nosotros, sino porque estaban organizados. Con esta manifestación aumentó nuestra autoestima y la confianza en el triunfo del bien común.

El fraude electoral del 20 de octubre pasado fue el detonante que provocó un tsunami popular, un Chernóbil social, que nos llevó al paro nacional. Todo aquello estuvo centrado en el liderazgo cívico de Luis Fernando Camacho Vaca, un profesional cruceño, valiente, que se atrevió a llegar al corazón del centro del poder para conseguir la renuncia presidencial. Finalmente, con la derrota de la tiranía de casi tres lustros, se escribía una heroica página en nuestra historia. Se trata de un legado indeleble que le entregamos con humildad a las próximas generaciones, para que nunca lo olviden y vivan siempre en paz y libertad.