Opinión

Drogas en los colegios

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5 de julio de 2017, 4:00 AM
5 de julio de 2017, 4:00 AM

Marihuana. Cocaína. Psicotrópicos. Todas estas sustancias se han encontrado durante controles policiales en 675 colegios de todo el país, donde el consumo de drogas se ha incrementado de forma alarmante.

No se trata de estigmatizar a los colegios, un lugar sagrado para la formación de las nuevas generaciones. Sino de poner atención sobre un ámbito que está siendo utilizado por traficantes de estupefacientes para hacer sus oscuros negocios en detrimento de la salud de los niños y jóvenes bolivianos. El fenómeno no es nuevo, pero lo que resulta preocupante es el incremento sin pausa que ha registrado en los últimos años. 

No debiera extrañarnos, dado que el contexto en que se produce este auge de las drogas en los colegios tiene que ver con una flexibilización de las políticas de interdicción y erradicación de hojas de coca, principal insumo de la cocaína y la incapacidad de las autoridades del Estado para frenar el apogeo de las organizaciones delictivas vinculadas al tráfico de drogas en Bolivia.

Con justa razón, el último documento de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) señala con claridad los riesgos que tiene esta expansión sin pausa del tráfico de drogas en nuestro país.

Los mercaderes de la muerte lucran con la venta de drogas a costa de la salud de los jóvenes. Entonces, además de los operativos en los colegios, las autoridades policiales deberían extremar esfuerzos para desarticular las bandas de narcotraficantes y peces gordos que pululan en el país a vista de las principales instituciones judiciales, policiales y militares. 

Mientras no tengamos una justicia independiente, transparente y eficiente, no será posible combatir las raíces de este pernicioso fenómeno.

Por lo pronto, los padres de familia no deben quedarse con los brazos cruzados. Un joven que cae en las drogas es aquel que no recibió la suficiente formación en conocimientos y valores, y no fue acogido ni escuchado en sus necesidades básicas de educación, entretenimiento y salud emocional. El combate a las pandillas en los barrios periféricos de la ciudad y su relación con la violencia y el delito también debe ser parte de la ofensiva contra las drogas en los colegios.

Pero no nos engañemos. La lucha contra las drogas no se ganará con más perros en los pasillos de los colegios olfateando las mochilas de los estudiantes. Se triunfará cuando desde el poder político se dé señales claras y contundentes de lucha contra todo el sistema de producción, distribución y comercialización de drogas en el país. 

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