Opinión

Duelo de titanes

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13 de marzo de 2017, 4:00 AM
13 de marzo de 2017, 4:00 AM

Donald Trump y Xi Jing Pin no han presionado todavía ningún botón para que comience una guerra, pero las cifras del comercio de las dos mayores potencias del mundo muestran que hay un enfrentamiento. Dice un informe de Reuters que en febrero las exportaciones chinas hacia EEUU cayeron un 4%, mientras que las importaciones chinas desde EEUU crecieron un 38%, lo que fue uno de los factores que produjeron el primer déficit comercial mensual chino desde 2014. Si esto se convirtiera en una tendencia, lo que es probable en vista de los principios que quiere aplicar Trump en el comercio exterior de su país, China podría tener mayores problemas.
La economía china creció en solamente 6,7% el año pasado, la tasa más baja de los últimos 26 años, lo que podría agravarse si las cifras del primer bimestre no son revertidas. Pero estas son las primeras fotografías de las consecuencias de la política de Trump. Lo que le falta descubrir al presidente conservador es que la economía no es una balanza de dos platos y que sus políticas podrían terminar perjudicando a su país, como lo advirtió, en una durísima columna de opinión, el español Felipe González, en El País de Madrid. Mientras se analizan los efectos completos de las políticas del presidente norteamericano más controvertido de que se tenga memoria, los efectos de una caída en la actividad económica china amenazan con afectar a los países proveedores de materias primas.

Para Bolivia esto significa un nuevo frente de malos presagios, que se suma al desdén con que Brasil mira la futura negociación para renovar el contrato de compraventa de gas natural boliviano. Por el momento, los volúmenes de compra han vuelto a superar los 20 millones m3/d después de que se mantuvieron apenas superiores a los 10 millones. Pero los funcionarios brasileños insisten en dos criterios muy severos para Bolivia: los volúmenes volverán a ‘normalizarse’ solo cuando la economía brasileña se haya recuperado, lo que no es muy prometedor, tomando en cuenta que su PIB cayó en -5,7% el año pasado. El segundo criterio es que el nuevo contrato deberá incluir volúmenes diferentes y precios diferentes. La economía boliviana no está blindada para sobrevivir indemne a estas tormentas en el horizonte 

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