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Poco ha durado la pausa proselitista desde que en noviembre asumió el presidente Luis Arce y ahora el país nuevamente se encamina a un proceso electoral, en medio de las naturales tensiones partidarias, con algunas sorpresas y casi ningún aprendizaje de la última cita con las urnas.

La sorpresa mayor viene de la mano del Movimiento al Socialismo (MAS), que sin Evo Morales de presidente está demostrando que puede tener una dinámica menos caudillista, con menos dedazos de los acostumbrados, ya que en ese partido asomaron algunas señales democráticas de dirigencias que le bajaron el conocido índice levantado a su histórico jefe.

Ocurrió en Lauca Ñ, donde Morales no logró imponer a su candidato a la gobernación de Santa Cruz, incluso le llegó un sillazo en la cabeza en medio de la guerra de gritos de descontento y la guerra de silla voladoras, y se vieron forzados a buscar un nuevo nombre al menos de manera temporal, ya que nada está dicho en una región donde el candidato podría ser Mario Cronenbold, el propio Carlos Romero que Morales prefería, o el proclamado Pedro García.

Algo parecido ocurrió el miércoles en El Alto, donde la dirigencia del MAS proclamó a la expresidenta del Senado Eva Copa como candidata a la Alcaldía, por encima de la decisión que debía tomar el jefe de campaña Evo Morales.
La militancia masista alteña le mandó un mensaje ‘al hermano Evo’ y le dijo que ‘debe aceptar el mensaje de la población’, en referencia a la versión de que Morales quería ‘imponer’ como candidata a la Alcaldía a la ex ministra de Culturas de su gestión, Wilma Alanoca.

Con todo, guste o no, el MAS vuelve a demostrar que es el único partido boliviano organizado, con estructura y con suficiente fuerza nacional para elegir y llevar candidatos sin necesidad de buscar alianzas.

En la otra orilla de las corrientes políticas, están los partidos que desde hace 15 años se llaman de oposición, donde hasta ahora se han visto escasos esfuerzos estratégicos por encontrar fórmulas de unidad que les permitan tener posibilidades de ganar alcaldías y gobernaciones.

La unidad, en el caso de esos partidos, no es una opción, sino la única alternativa que les queda si pretenden tener cierta expectativa de éxito, dados los resultados contundentes del 18 de octubre pasado, donde el MAS se reafirmó con la abrumadora fuerza que otorga un triunfo de 55,1 por ciento de los votos.

En el caso de Santa Cruz, el partido que durante 15 años retuvo en su poder la Gobernación con triunfos sucesivos en las elecciones, experimentó una inesperada fractura con la salida de dos figuras de primer nivel como son Oscar Ortiz y Vladimir Peña, quienes denunciaron acciones arbitrarias e inconstitucionales en la elección de candidatos en beneficio de unos pocos.
En esta región, los intentos por presentar candidaturas que surjan de pactos de unidad aún no se han cristalizado, son parte del problema que originó la ruptura en la organización Demócratas, y por ahora se conocen las candidaturas de Luis Fernando Camacho a la Gobernación, la de Angélica Sosa a la Alcaldía, y la de Roly Aguilera también a la Alcaldía, en los tres casos impulsados únicamente por sus respectivos partidos.

En La Paz, se ha presentado a Waldo Albarracín como candidato de unidad de las fuerzas Comunidad Ciudadana, Sol.bo y Unidad Nacional, pero en la misma vereda de oposición al MAS también postula a la Alcaldía el ex ministro de Obras Públicas Iván Arias. De no producirse un acuerdo y si se mantienen ambas candidaturas en esa ciudad, es muy probable que el triunfador será el candidato del MAS. 

Nada nuevo hasta aquí, porque a los partidos políticos de países donde existen fuertes corrientes populistas les cuesta mucho aprender esa lección llamada ‘unidad’, y están condenados a repetir cíclicamente los mismos fracasos, como si cada vez fuera la primera.

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