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Economía, entre el exitismo y la incertidumbre

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24 de diciembre de 2018, 5:00 AM
24 de diciembre de 2018, 5:00 AM

Es previsible la posición exitista del Gobierno, en un periodo electoral, respecto al desempeño de la economía. La estrategia oficialista de conquista del voto tendrá como base la exaltación de las cifras macroeconómicas de los últimos 12 años y la advertencia de que solo Evo Morales es capaz de garantizar un éxito prolongado. No obstante, la distancia entre la propaganda y la realidad se tendrá que desnudar en la campaña que viene, si es que aspiramos a un desarrollo sostenible y real del país.

Una mirada objetiva del desempeño económico de Bolivia permite concluir que hubo avances, pero insuficientes, en un ciclo extraordinario para los precios de los hidrocarburos y de los commodities, del que se beneficiaron casi todas las naciones de la región.

En esa coyuntura, el Gobierno consiguió estabilizar la inflación, crecieron los depósitos de la banca, se quintuplicaron las reservas internacionales, subieron notablemente las exportaciones, mejoró el ingreso per cápita, aumentó bastante el PIB, repuntaron los salarios, bajó el desempleo formal y disminuyó la pobreza. Sin embargo, los logros corren riesgo, no por un posible cambio de Gobierno, que es lo que el binomio del MAS pretende posicionar en la campaña para vencer a la oposición. En realidad, las conquistas económicas corren el peligro de derrumbarse si persisten las decisiones políticas irresponsables.

Así como es objetivo concluir que hubo avances, es real que en los últimos tres años la economía no solo se desaceleró, sino que ya entró a una peligrosa coyuntura electoral que le puede generar un daño irreversible. El exitismo gubernamental contrasta con la incertidumbre de los sectores productivos, que están angustiados por lo que puede ocurrir en 2019 y, más aún, después de las elecciones presidenciales.

La economía se mueve por expectativas y ahora hay una visible cautela de los inversionistas, que, en varios casos, adelantaron que esperarán el desenlace de los comicios, que están antecedidos por una creciente conflictividad y por un mal clima social. También los consumidores han optado por reducir las compras, a la espera de lo que ocurra con la política.

Aunque organismos como la Cepal pronostican para 2019 un crecimiento del PIB superior al 4 por ciento y parecido al de 2018, los empresarios cierran esta gestión con la sensación de que el próximo es “un año de incertidumbre económica”.

Hay señales alarmantes para terminar el 2018 así. Aunque mejoraron levemente las exportaciones, persistieron el déficit fiscal y el comercial, disminuyeron las reservas internacionales y aumentaron la deuda externa y la deuda interna. También empezaron a caer últimamente los precios del petróleo y de algunas materias primas, en tanto que el agro alertó de un estancamiento. Bajemos por lo tanto el triunfalismo y seamos responsables para no acrecentar la incertidumbre, que resultará fatal para nuestros bolsillos.

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