Opinión

El aborto, desprecio por la vida

Edgar Rivero 30/5/2017 04:00

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Según la Biblia, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y le dijo: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis: 27-28), siendo la más valiosa obra de la creación, de ahí que legislaciones del mundo protegen la maternidad al considerar que el derecho a la vida empieza con la fecundación. El aborto, para los romanos, era una gran inmoralidad y no era punible, pero con la evolución social fue en aumento y penado por distintos países, pues el razonamiento de que causas económicas y sociales justifican su impunidad –cuya sanción va dirigida a la clase no privilegiada, aunque válida en pocos casos– no tiene el alcance general que se pretende. Esto indica que no todas las mujeres abortan y no todas las que abortan lo hacen por motivos económicos. 

Existen tesis con referencia al aborto, entre ellas está el aborto honoris causa, el terapéutico, el eugenésico y el social, pero el aborto honoris causa, históricamente, es el primero que aparece en los códigos penales y se comete para ocultar la deshonra, encubrir la fragilidad y salvar el honor de la mujer. En Bolivia, el Código Penal, en su art. 263, castiga el aborto a quien causare la muerte del feto en el seno materno o provocare su expulsión prematura, con excepción del aborto impune en caso de violación y rapto, el que practica un médico con anuencia de la mujer y del juez. Sin embargo, hoy surge una minúscula corriente que insiste en despenalizar el aborto mediante un proyecto de ley apoyado por congresales del MAS, que por ganar protagonismo político violan al art. 15, Inc. 1 al 4 de la Constitución, que señala que toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física, sicológica y sexual; y el art. 1 del Código Civil, avalado por el Pacto de San José, del cual el país es signatario. 

La práctica habitual del aborto es preocupante, pues significa el desprecio por la vida, razón para que el Ministerio de Educación delinee políticas de prevención con la enseñanza de educación sexual. El Poder Legislativo tiene que oír a la Iglesia, a las instituciones y a la oposición para que dé marcha atrás en su afán de despenalizar el aborto. 

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