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El abrazo del reencuentro

Hugo José Suárez 6/10/2020 05:00

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Hace unas semanas empezaron a circular emotivos videos del Órgano Electoral Plurinacional en los que se retomaban episodios de los dramáticos días de octubre y noviembre del año pasado. 

Luego del miedo y la confrontación con distintos rostros (oriente, valles y occidente), al final los protagonistas aparecen en el recinto electoral emitiendo su voto. Cada video ha sido conmovedor, al verlos no he podido detener las lágrimas. No es para menos. 

Hubo mucha muerte, mucha violencia, mucha descomposición. Las heridas están abiertas, no se ha hecho justicia y por tanto no se han terminado de cerrar. ¿Pueden ser las elecciones la ocasión para empezar un entendimiento mínimo? Esperemos que sí.

Veo dos escenarios. Primero el catastrófico: el 18 de octubre antes de terminar el día, el MAS se declarará vencedor, denunciará fraude y comenzará la movilización radical. Camacho hará lo mismo, se refugiará en Santa Cruz y desde ahí lanzará dardos mortíferos a todo lo que tenga en frente. 

Áñez, nerviosa desde la Plaza Murillo, con otro Murillo al lado, apelará al orden autoritario convocando a las Fuerzas Armadas. Terminaremos el año con más muertes, ¿cuántas y con qué responsables? Difícil de calcular, tal vez más que las del año pasado.

Quisiera creer que hay un segundo escenario. Que sea cual fuera el resultado, todos los actores acaten el resultado del Órgano Electoral Plurinacional. Que tanto vencedores como los perdedores sepan que tienen una responsabilidad fundamental con el futuro de la nación, y que para que todos ganemos, se deben respetar las reglas del juego y la voz de la única institución creíble en nuestro deteriorado país. 

Quisiera creer que el MAS mostrará un rostro renovado, no beligerante ni chanchullero, y que jugará a la institucionalidad y a la paz. Quisiera creer que Camacho dejará el berrinche adolescente y se convertirá en un dirigente nacional que respete las normas y los protocolos formales de la política. Quisiera creer que Mesa aceptará las conclusiones del OEP y las defenderá más allá de cómo haya quedado parado. 

Quisiera creer que los ciudadanos depositaremos la confianza en el OEP y que saldremos a las calles solo para defender sus informes y para festejar que ganó la democracia, que todos ganamos. Quisiera creer que hay futuro en Bolivia, que podemos vivir juntos y que las elecciones pueden ser, efectivamente, la ocasión para el abrazo.

La jornada del 18 de octubre puede ser la última oportunidad no para levantar la mano de un ganador que en la otra palma tenga la cabeza degollada del derrotado, sino para felicitar a quien obtuvo el apoyo popular, respetando las reglas, y seguir caminando hacia adelante. Ojalá que estemos en la alborada del renacimiento de una colectividad de diferentes que se respetan, una muestra al mundo del entendimiento de los distintos, y no en la víspera de entierros, duelo, llanto.

Durante mucho tiempo he sido crítico de la democracia liberal y todavía tengo mis reservas. Pero ahora, cuando la estabilidad se sostiene con alfileres, definitivamente creo que nuestra última carta la podemos jugar en las urnas. Por mi parte, felicitaré al vencedor que anuncie el OEP, y le desearé la mejor de las suertes. Sí: abrigo la esperanza del reencuentro.