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31 de enero de 2019, 4:00 AM
31 de enero de 2019, 4:00 AM

Damos por hecho la mayor parte de facilidades que nos provee la era en la que vivimos. Enchufamos una heladera y mantenemos nuestros alimentos, movemos un interruptor e iluminamos una habitación, abrimos la llave del grifo y saciamos nuestra sed. Estamos tan acostumbrados que vivimos bajo la ilusión de que hay reservas de energía y agua continuas e infinitas. Que estos sistemas están exentos de todo problema. Por ello, muchos no valoran ni cuidan lo que tenemos, y entran en el comportamiento del derroche.

Pero, ¿y si dejan de funcionar? Somos una especie débil, dependemos de esas comodidades, sobre todo del abastecimiento de agua. Muchos creen que las proyecciones sobre el agua potable son exageradas. Dicen (lo he escuchado) que los gobiernos no permitirán que pasemos sed, que tenemos una ingente cantidad en el mar que van a desalinizar y distribuir. Sin embargo: 1) ya existe mucha gente que pasa sed y hambre y los gobiernos no hacen mucho por ellos, o lo que se puede hacer no es suficiente; y 2) desalinizar no es sencillo, requiere mucha energía y, por lo tanto, mucho dinero y recursos. Y no olvidemos que, bajo las prioridades del actual mundo consumista, no es fácil hacer frente a estos problemas. Si fuera tan simple, Ciudad del Cabo, la segunda más poblada de Sudáfrica, no estaría “atrasando el inevitable” momento en el cual se quedarán sin agua. ¡Y viven al lado del mar! Allí tiran la cadena una vez al día, se bañan dos veces por semana, reutilizan el agua del lavado de ropa, etc… Allí ya entienden la importancia del agua.

Santa Cruz no va por buen camino. Existe un serio problema en cuanto a la gestión de los acuíferos, del cual podemos mencionar dos situaciones importantísimas. Por un lado, los residuos sólidos también reciben una mala gestión, y el funcionamiento del vertedero es totalmente cuestionable en cuanto a su eficiencia ambiental, por lo tanto, los lixiviados que se generan terminan muy probablemente contaminando los acuíferos. Por otro lado, el desastre ambiental que está aconteciendo en la zona del Urubó por la tala descontrolada de árboles provocará que el agua de lluvia no sea absorbida por los suelos, por lo que los acuíferos no se recargarán. No suena muy sostenible, menos agua y más contaminada. Al final, podríamos tener hasta el sistema de potabilización más avanzado del mundo, pero, ¿qué potabilizaremos si nos falta la materia prima, el agua?

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