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Cuán duro golpea la corrupción a un país como Bolivia. Lamentablemente, la compra de respiradores con sobreprecio se suma a una cadena de hechos que la ciudadanía ha observado con perplejidad durante décadas, sentimiento que, poco a poco, se convierte en bronca y después da paso a la resignación impotente. Pero estas acciones tienen un alto precio no solo referido al dinero que se pierde, sino fundamentalmente a la autoridad que dejan de tener los gobernantes y a la réplica de acciones en la base social.

Hasta aquí, los ventiladores le costaron dos millones de dólares, pues la compra se hizo con dinero prestado por un organismo multilateral. El escándalo del sobreprecio llegó más allá de nuestras fronteras y, sin duda, golpea la imagen de Bolivia como país confiable para créditos o para donaciones. Esto es particularmente grave en un momento en que se sabe que nuestras arcas están sin fondos por la caída de los precios internacionales del petróleo, de los minerales y de la soya (nuestros principales productos de exportación). 

El Banco Interamericano de Desarrollo comunicó que ha comenzado una investigación sobre el asunto y los resultados podrían poner en aprietos a nuestro país no solo frente a este organismo, sino frente a otros órganos multilaterales, haciendo más difícil el acceso a recursos frescos para enfrentar la actual crisis de salud y la crisis económica que se avizora.

El precio es alto también para el ciudadano que pierde la esperanza en la clase política, tras sucesivos hechos de corrupción en diferentes gobiernos. Este caso es bastante significativo porque ocurre que se actuó de mala fe en un momento de gran necesidad de los bolivianos. Tras la compra de respiradores inadecuados y además con sobreprecio hay gran cantidad de bolivianos indignados, que se sienten huérfanos en un tiempo de crisis. La autoridad de la presidenta y de su gobierno está en entredicho, lo cual complica también el acatamiento de las medidas que pretenden prevenir los contagios. El liderazgo no solo está en el cargo, pues para ser uno se necesita demostrar que se tiene la talla moral que el pueblo demanda.

Lo anterior también repercute en la calidad moral de la ciudadanía. En lo macro se critica al gobierno y a los funcionarios de un ministerio por la compra con sobreprecio de respiradores, pero en lo micro se detecta que hay más de un falsificador de pases de circulación y cientos de personas que no dudan en comprar estos documentos junto con cédulas falsas, como si engañar a la autoridad fuera una gran conquista. En lo pequeño, estas conductas corruptas son reflejo de la misma irregularidad en los niveles más altos del Estado.

Varios funcionarios del gobierno central dicen que, como nunca antes, este gobierno está dando señales de hacer justicia en el castigo a quienes resulten culpables de la corrupción y que antes -en la gestión de Evo Morales- se amparaba a los ministros, aunque hubiera muchas evidencias de sus malos manejos. Y es lo correcto, que los gobernantes no esperen que se los aplauda por hacer lo que corresponde. Pero también es importante que la presidenta responda un sinfín de interrogantes que se formula la ciudadanía. De un tiempo a esta parte solo se la ve en comunicados grabados y no así en conferencias de prensa, dispuesta a responder las preguntas que se le hagan.

Hay un proceso abierto contra funcionarios gubernamentales, entre los que está el exministro de Salud. Hay que esperar que sea una investigación imparcial y eficiente, de manera que se sepa cuanto antes quiénes cometieron irregularidades y que sean castigados como corresponde. Sin embargo, esa es solo una parte de la conclusión de esta horrible historia. Lo otro, el daño a la esperanza de los bolivianos tardará mucho más tiempo en convertirse en una herida cerrada. Para ello, es importante que se transparente todo, que el uso de los recursos económicos sea diáfano, que los contratos sean publicados en el Sicoes y que se eliminen las normas que dan luz verde a la corrupción.

Los bolivianos están cansados de tanto abuso de parte de los poderosos de turno.