Opinión

El amor inconmensurable por las filas

9 de abril de 2023, 8:09 AM
9 de abril de 2023, 8:09 AM

*Gonzalo Chávez Álvarez

¿Por qué a los bolivianos (as) nos encanta hacer filas? ¿Qué significa que instituciones públicas y privadas manden a hacer filas? Estas preguntas, ultimadamente, me han estado perforando el cerebro y no tengo una respuesta contundente. Como dirían los cientistas sociales: tengo hipótesis de trabajo.

Hacemos filas inclusive antes de nacer. Fila en el hospital para que las parturientas den a luz. En las escuelas somos preparados para hacer filas. Cuando estaba en mi gloriosa escuela Cornelio Saavedra en Villazón hacíamos fila para entrar. En el patio nos hacían hacer fila para cantar el Himno Nacional, coro general. En el recreo hacíamos fila para comprar los cremalines de doña Pancha. A la hora de salir hacíamos otra fila esperando a nuestros padres. Pero las filas no terminaban ahí, en “el diamante que se pule solo”, como es conocida esta ciudad fronteriza, después íbamos al puente, que divide Villazón con La Quiaca, y hacíamos fila para pasar a Argentina y a la vuelta hacíamos otra fila, con nuestra ración de pan y bife de chorizo del vecino país.

Los fines de semana hacíamos fila para esperar el tren, fila para comprar el periódico del canillita que llega con las noticias de algún golpe de Estado, y fila para recibir las cartas de la parentela de La Paz. En la tarde, hacíamos fila para entrar al único cine en Villazón.

De chico pensaba que las filas era un tema de las fronteras. Grande fue mi sorpresa cuando llegué a la ciudad de La Paz y volvieron las filas. Hacíamos fila en pijamas en el baño común en el conventillo en que vivíamos. Mi madre me mandaba, en mi barrio San Pedro, a hacer fila para comprar el pan Figliossi. En la tarde, fila para las llauchas de la calle Nicolás Acostas. En la secundaria del San Calixto volvieron las filas, hacía una para tomar la góndola, muriendo de frío en la calle Almirante Grau. En el colegio hacía otra vez fila para entrar. Todas las horas cívicas de los lunes hacíamos fila con mis compañeros para cantar el himno a la virgen. En el recreo me pasaba más de la mitad del tiempo en la fila para comprarme berlines.

En mi juventud revolucionaria, tampoco me abandonaron las filas. Hacía filas kilométricas para inscribirme a los preuniversitarios y marchaba en fila en las manifestaciones de protesta. Filas kilométricas para entrar a ver en el paraninfo universitario a las tres musas cantoras de la época. Lorelei Ballón, Jenny Cárdenas y Ema Junaro.

En las manifestaciones de resistencia a la dictadura, los pacos nos hacían hacer filas para sacarnos la entretela. En las madrugadas post guitarreadas, cuando volvía a mi casa, aprovechaba de hacer la fila para comprar la harina y los panes durante la crisis de los años ochenta. En mis amaneceres de tertulia y vino barato me topaba con largas filas frente al Banco del Estado de Bolivia que, en esa época, vendía dólares a los padres de familia que tenían hijos en el exterior y los cambistas. Después, cuando me fui a estudiar a Brasil, sabía que estaba volviendo a Bolivia porque hacía filas kilométricas en los mostradores del glorioso Lloyd Aéreo Boliviano. Otra súper fila para migraciones. En la actualidad, en el aeropuerto de Barajas en Madrid, se descubre el mostrador de la línea aérea nacional, BoA, por las filas kilométricas de gente y quepis.

A lo largo de todo este tiempo se fueron sofisticando las tecnologías para hacer filas. En un primer momento se llevaba un banquito para sentarse y hacer largas filas de varias horas para inscribir a los hijos en las escuelas públicas o para conseguir ficha de atención médica en el sistema de salud pública.

En Bolivia debe ser de los pocos países donde los objetos hacen fila. Encuentras una enorme fila de plásticos amarillos, palos de construcción, sombreros, aguayos multicolores, inclusive los bebés en cajas de cartón, convertidas en cunas, hacen filas en cuanto sus progenitores toman sol en la acera del frente de la fila. Por una razón extraña, las filas en Bolivia siempre tienen temperaturas extremas. En las mañanas polares, las filas se hacen en la sombra. En las tardes de calor desértico, las filas se hacen al sol, para así, adquirir el bronceado api.

Es frecuente que las personas hagan filas esperando el transporte público, pero en Bolivia es al revés, son los minibuses los que hacen filas homéricas esperando los pasajeros, por supuesto, provocando trancaderas gigantes de filas de automóviles que nunca avanzan.

Después, para ver algunos partidos de fútbol o algún artista favorito comenzaron las dormidas en las filas, primero, en ‘sleeping’, pero después en carpas muy sospechosas. Después apareció el trabajo de gente que hace filas y te vende un espacio. 50 Bs por un lugar privilegiado. El hacedor de fila siempre es un primo cercano del comprador del lugar. Claro, eso para los más pudientes. Los especialistas en filas fueron una solución de mercado.

Finalmente, qué características debe tener un buen hacedor de filas. En primer lugar debe tener un recurso muy valioso en estos tiempos que es precisamente, mucho tiempo. Además, tiene que ser una persona con paciencia y carácter, para dar una buena puteada al que se cuele a la fila. Tener familia numerosa para alternar en la fila. Capacidad de mimetizarse y cambiar de cara para que no te pesque el Viceministro de Defensa del Consumidor, el terror de las filas.

Nunca puede faltar en una fila que se preste, el “consultor”, este que con el pretexto de “sólo voy a hacer una consultita” y aparece primero en la fila. Es la variante más sofisticada del colador profesional, que cree que hacer al cojudo le brinda un mato de invisibilidad.

Ahora bien, no toda fila es mala. Puede ser un excelente lugar para socializar y chismear. En las filas encuentras los mejores opinadores económicos y políticos e inclusive algunos han encontrado el amor de su vida en una fila. Una vieja técnica de conquista es: Amiga(o) te acompaño a hacer tu fila.

Solo explica este amor inconmensurable por las filas, que las autoridades del Banco Central de Bolivia (BCB), hayan decidido hacer formar una fila kilométrica frente al símbolo de la estabilidad de la moneda. Además, es una fila sui generis, en dos tiempos. Primero haces una fila para conseguir una ficha que indica cuántas semanas después tienes que ir a hacer otra fila para comprar dólares. Es el avance tecnológico del proceso de cambio: fila para hacer fila.

Recordemos que la fila es un símbolo de escasez, pero aquí, siguiendo la metafísica popular, las filas muestran que estamos saliendo adelante y que hay abundancia de dólares. Y como hay abundancia hacemos fila.

Comentario de cierre. Un buen amigo me hizo la aclaración que a los bolivianos y bolivianas no nos gustan las filas y sí las colas. No entendí la diferencia.

*Gonzalo Chávez Álvarez es Economista

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