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Bolivia ha sido aplazada por no cumplir sus compromisos internacionales en la lucha contra el narcotráfico. El presidente de EEUU, Joe Biden, incluyó a nuestro país en la lista de naciones que son tránsito y productoras de droga, al igual que a Venezuela. Como era de esperarse, el Gobierno descalificó la valoración, la llamó unilateral. No obstante, hay que recordar que no ha sido solo la principal potencia del mundo la que sacó esas conclusiones. Hace menos de un mes también lo hizo la ONUDC, cuando informó que los cultivos excedentarios de la coca habían subido, en vez de disminuir, lo que hace ver que la reprobación no es política, sino con datos concretos.

El Gobierno boliviano incrementó la extensión de cultivos de coca a 22.000 hectáreas en las zonas de Los Yungas de La Paz y el trópico de Cochabamba. Pese a esa medida, considerada polémica porque no se basó en una medición científica del consumo tradicional de esa hoja en el país, ahora Bolivia tiene plantaciones ilegales en áreas protegidas y también el departamento de Santa Cruz.

Adicionalmente, han sido las mismas autoridades nacionales (en este gobierno y en el de Evo Morales) las que dijeron que Bolivia es un país de tránsito, que llega droga peruana con el fin de que sea transportada a otros países. A ello se suma el hallazgo de grandes factorías dedicadas a la refinación de pasta base. Entonces, ¿se puede hablar de un informe unilateral cuando los hechos demuestran la presencia clara del narcotráfico en Bolivia?

Para seguir con el análisis, en el último informe de la ONUDC se detectó que hay cerca de 30.000 hectáreas de cultivos ilegales de coca; que la erradicación ha sido insuficiente el año 2020. La respuesta del gobierno fue culpar a la gestión transitoria de Jeanine Áñez por los resultados. Empero, para quienes quieren ir más allá de los discursos, hay que recordar que durante el tiempo que el MAS no estuvo en el gobierno era imposible ingresar al Chapare para erradicar, que había una oposición no solamente dura, sino armada a cualquier posibilidad en la zona. Lugareños llegaron a agredir a periodistas que ‘osaron’ atravesar la zona para hacer un reportaje.

La presencia del narcotráfico es real y tiene cada vez más poder en el país. Claramente no se están haciendo los esfuerzos suficientes para erradicar ese cáncer social. La Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico recientemente encontró ‘narcopistas’ y son halladas fábricas de droga, aunque casi nunca hay dueños de las mismas que sean detenidos.

En cambio, el Gobierno tiene a un cocalero de chapare como viceministro de Defensa Social, alguien que, en lugar de hacer una autoevaluación y plantear mayor eficiencia en la lucha contra las drogas, les dice a sus pares (cultivadores de coca) que produzcan y que hay que exportar la hoja, que por cierto ya se exporta, pero convertida en alcaloide.

El problema no es ideológico, como se pretende hacer ver. El narcotráfico está corrompiendo a la sociedad boliviana y está degradando a miles de familias que tienen hijos adictos, sin contar que mella las relaciones internacionales por estas valoraciones que le hacen un flaco favor a la imagen de Bolivia en el mundo.

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