15 de junio de 2022, 4:00 AM
15 de junio de 2022, 4:00 AM

Un avión venezolano con una numerosa tripulación de iraníes y de la misma Venezuela permanece retenido desde hace una semana en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires porque nadie le quiere vender combustible para no exponerse a duras sanciones de Estados Unidos, por sospechas de posibles nexos con el terrorismo islámico y por varias preguntas sin respuesta que rodean de misterio su extraña operación.

El avión aterrizó allí el 6 de junio, en vuelo procedente de Córdoba. Durante ese trayecto, la tripulación apagó el transponder, que es como se conoce lo que sería el GPS de la nave, para no ser detectado.

Desde Buenos Aires levantó vuelo con destino a Montevideo para reabastecerse de combustible, pero Uruguay le negó el permiso de su espacio aéreo y tuvo que regresar a Ezeiza. Para entonces ya había sido detectado y las alarmas se pusieron de color rojo para que nadie se anime a venderle combustible si no quería exponerse a duras sanciones de Estados Unidos.

El avión pertenece a la venezolana Emtrasur, una subsidiaria de la estatal Conviasa. Tanto la actual como la anterior propietaria del avión, la iraní Mahan Air, están sancionadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros y Sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por sospechas de vínculos con las Fuerzas Quds, brazo paramilitar de élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) y por transportar cargas militares en aviones civiles.

En Argentina llamó la atención que el número de ocupantes, 14 venezolanos y cinco iraníes, sea más del doble de lo requerido para operaciones de carga, cuando lo usual es que lleven cuatro a cinco personas como máximo.

En las bodegas del avión se encontró autopartes y repuestos para camionetas Tao de la marca Volkswagen. Pero ni Volkswagen ni la compañía SAS Automotriz SA que adquirió las autopartes tienen relación con el misterioso vuelo de Emtrasur.

La empresa SAS dice que ellos encargaron el transporte de la carga de Querétaro (México) a Buenos Aires a la compañía estadounidense Forwarder Fracht USA y no se explican cómo es que llegó a bordo de un avión venezolano y con tripulación iraní.

Las autoridades argentinas mantienen retenidos a todos los tripulantes, porque recibieron información internacional que les advirtió sobre una pertenencia de algunos de ellos a empresas relacionadas con las Fuerzas islámicas Quds.

Uno de los pasajeros iraníes tiene el mismo apellido que el ministro del Interior de Irán acusado como autor intelectual del atentado a la AMIA, sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, que en 1994 causó 85 muertos y 300 heridos.

El misterioso avión estuvo en mayo en Ciudad del Este con 11 tripulantes venezolanos y seis iraníes, desde donde transportó un cargamento de cigarrillos valuado en $us 755.000 con destino a Aruba. Después de eso, Paraguay le negó el uso del espacio aéreo en dos oportunidades y la inteligencia paraguaya alertó a sus pares de la región de la presencia de esa nave sancionada y con tripulantes iraníes.

Con todos esos elementos, hay razones para sospechar que nada bueno ni estrictamente comercial hacía el avión con sus tripulantes iraníes y venezolanos. Afortunadamente en Argentina algunos poderes del Estado aún funcionan y por eso se investiga el caso. Si esto hubiera ocurrido en Bolivia, el avión no solo no hubiera sido descubierto, sino quizá incluso hubiera tenido la colaboración de las autoridades.

Tags