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6 de septiembre de 2018, 4:00 AM
6 de septiembre de 2018, 4:00 AM

Como se viene el sur, se viene una ley contra las mentiras. Curiosamente, el presidente sufre estos días una rara pasión por la verdad. Algo le ha picado que está desesperado por erradicar la mentira. En adelante todo tendrá que ser correcto y cierto. Todo deberá ser como Dios manda.

Nos alegramos. No sabemos si es propaganda electoral. No sabemos si el presidente, para que olvidemos el pasado, promete la verdad de la que nunca fue muy fanático. De todas maneras, aunque así sea, es una promesa alentadora ¿Se da cuenta usted de que en adelante nadie podrá decir que el Tribunal Constitucional tiene poder para cambiar la Constitución? Ahora encerrarán tras rejas de hierro a los que quieran hacernos creer que unos jueces engreídos tienen más autoridad que la población nacional. Irán a chirona los que digan que el tratado de Costa Rica se aplica a los poderosos. No más mentiras.

Nunca más se podrá decir impunemente que los indígenas secuestraron a alguien en Chaparina. No dirán que nadie secuestró al Tribunal Internacional en el Tipnis. Nadie podrá mentirnos sobre cadenas de mando rotas y castigarán por complicidad al que envió a un ministro a Washington a esconder la verdad ¿Acaso no es esa una manera de mentir? Ya no se podrá tapar la verdad. Promesa del presidente.

No es importante, pero ya no nos podrán contar que nos conquistó el imperio romano o que las hormonas femeninas de los pollos cambian nuestra orientación sexual. Por lo menos nos ahorrarán muchas vergüenzas ajenas. En cambio, sí será importante que se prohíba que nadie se atreva a llamar a lo de Venezuela cambio ni revolución. Es muerte.

No se podrá decir que recular cuando se ha metido la pata es mandar obedeciendo, menos cuando el mandatario no obedece ni a un referendo nacional. No se nos podrá contar que ha mejorado la salud nacional, cuando la única clínica bien dotada es la que se ha hecho con lujo en La Paz para el presidente. No se podrá decir que han empezado el desarrollo del país, cuando han llevado la educación nacional a los niveles más bajos del mundo.

Cuando sea delito la falsedad, nadie podrá afirmar que fue mentira que se manejaron entre sábanas los contratos con la CAMC y los misteriosos financiamientos chinos. Nadie podrá decirnos que era honrada transparencia el manejo a escondidas y sin concurso de los millonarios contratos de los altos niveles.

No escupas a la luna, porque cuando escupes hacia arriba te cae en el rostro lo que escupiste. Si nuestros gobernantes dan a luz la ley prometida, sabremos lo que es escupir a la luna. Si en esta tierra nuestra se prohíbe la mentira deberá cambiar la vida del presidente, pero el vicepresidente tendrá que pasar a la clandestinidad, porque pedir que cambie sería mucho pedirle. Tendría que dejar de ser él, porque es una fábrica de mentiras, de maquinaciones y de verdades a medias. Le teme a la verdad y a la honradez como Satanás al crucifijo.

Claro que lo que pretenden no es la verdad. El dueño de las mentiras quiere una ley que le dé pie para golpear a los que se le oponen. Él, amo de la verdad, cree que puede convertir en mentira todo lo que no le gusta. La ley que prepara no es más que una pistola para matar enemigos.

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