Opinión

El calvario de un inocente

El Deber logo
10 de julio de 2017, 6:31 AM
10 de julio de 2017, 6:31 AM

Hay un hombre en este país al que le han robado dos años y dos meses de su vida. Se los robaron de un plumazo. Los ha perdido en una cárcel y a fuego lento, masticando una sentencia estúpida que no merecía. La justicia nuestra lo había sentenciado el 2015 a 30 años de prisión, sin derecho a indulto, acusándolo de haber matado a una mujer a la que él nunca había visto en su vida. 

Mucho tiempo después -dos años y dos meses en una cárcel son una eternidad-, el perito del Instituto de Investigación Técnico Científico de la Universidad Policial de Santa Cruz, capitán Christian Sánchez, ‘cazó’ al verdadero culpable de ese asesinato y consiguió -por fin- que los injustos jueces -los mismísimos que lo condenaron- devuelvan la libertad y la dignidad a Reynaldo Ramírez Vale, el hombre inocente, el que dormía en la catrera número 14, y triste de Palmasola, el que no podía pagar una habitación para llorar a solas ni en silencio, porque la única ayuda económica que podía recibir era la de su madre anciana que se vio obligada a convertirse en vendedora ambulante para ganar unos quintos. Ahí, tras las rejas, también le llegó la mala noticia de que murió su hermano mayor y él sin poder ir a su entierro.  

Me quedé pensando: este drama tiene que indignar a todo el país y, huérfanos como estamos los bolivianos, ninguno, amigo lector, puede estar libre de semejante desgracia. 

Converso con varias personas para confirmar que esto no es una pesadilla de algún sueño extraviado. Hay una coincidencia total. Me dicen: Parece mentira que las autoridades hubieran ignorado las pruebas de la Policía que aseguraba que Reynaldo no conocía a la mujer que fue asesinada el 25 de noviembre del 2014 y que, para rematar, estaba a más de 30 kilómetros del lugar del crimen cuando éste ocurrió. 

A pesar de todo eso y de otros detalles, quedó demostrado que estuvieron dispuestos a refundir en la cárcel a un hombre inocente porque tenían el poder de hacerlo y porque no investigaron como Dios manda. El miedo anda suelto. El destino nos libre de caer en manos del sistema de justicia de los hombres. De estos hombres.  

Tags