Opinión

¿El candidato o el presidente?

Escucha esta nota aquí

El poder genera su propio exceso, que debe aniquilar en una operación que ha de imitar aquello contra lo que lucha, es decir, repudia públicamente determinadas prácticas no inscritas, pero las avala subrepticiamente. Esto es lo que Slavoj Zizek, en su manera de entender el poder, denomina como: “transgresión inherente”.

El candidato o el presidente, ¿cuál de estas funciones pesa más en esta vorágine electoral, donde los intereses de seguir en el poder son más fuertes que las obligaciones públicas? ¿Hasta qué punto llega el compromiso de un candidato con su país, dentro de una coyuntura polarizada a escala mundial, con pronunciamientos por el medioambiente, despidos, inflación y la corrupción de un modelo económico basado en la voracidad de un sistema que muestra su peor cara?

Dos escenarios diferentes: por un lado, Mauricio Macri, digno representante de las políticas del FMI, neoliberal confeso, candidato a la repostulación por la presidencia de Argentina, propone en su discurso que la única manera de sacar a la Argentina de la debacle en que se encuentra sumida es recurrir a préstamos de fondos buitres. Por el otro, Evo Morales, acérrimo populista, autodenominado defensor de la madre tierra, paradójicamente aliado con el extractivismo, la agroindustria y la minería, va en pos de su cuarta reelección a la presidencia de Bolivia, con una política basada en la exportación de materias primas y, en su último periodo, preconizando la industria para darle a la materia prima valor agregado, concretamente al gas.

Primera similitud: Ambos en situación de candidatos y presidentes.

Morales, con un discurso candente desde el inicio de su Gobierno en pro de la madre tierra, cae en contradicciones, pisoteando uno de los pilares del Estado. Ser candidato para él fue descuidarse del medioambiente y de las entidades que son funcionales al Estado, como la ABT y el INRA, las cuales protegen a un agronegocio que solo quiere expandirse al costo que sea.

Macri, con políticas de un costo social altísimo, en el inicio de su Gobierno, pide a los argentinos apretarse los cinturones; pero solo a las clases más vulnerables. El candidato, después de las votaciones de las PASO, toma un revanchismo contra la gente que apoyó a su contrincante y en un día devalúa la moneda hasta un 7,5%, dejando a 500.000 nuevos pobres.

Morales, manejando bicicleta en campaña electoral, desestima los 10 días continuos de incendio voraz que han arrasado con 500.000 hectáreas del bosque seco chiquitano, y decide enviar a sus poco eficaces ministros de Defensa y de la Presidencia, quienes sobrevuelan el lugar y le pasan un informe que no hace más que confundirlo: decide que necesita verlo él mismo.

Segunda similitud: Morales manejando bicicleta y Macri hundiéndose en su rabia, ambos demostrando sus miserias por permanecer en puestos públicos.

Tercera similitud: Macri, en la resaca de su rabia decreta leyes de 3 meses de duración, que no harán más que realentar el desmoronamiento financiero. Morales, después de ver la tragedia con sus propios ojos, dice que el incendio no se puede controlar y en lugar de declarar zona de desastre como corresponde para recibir ayuda internacional, reparte alimentos en evidente campaña electoral. Su decisión va a provocar una crisis ambiental sin precedentes.

Cuarta similitud: Ambos, el neoliberal y el populista terminan pisoteando con soberbia los ideales que defendieron al inicio de su campaña. Dos visiones del Estado aparente, antagónicas entre sí, dejan de serlo y caen en una similitud siniestra: La angurria de poder y la irresponsabilidad en sus mandatos.