El Deber logo
1 de abril de 2018, 4:00 AM
1 de abril de 2018, 4:00 AM

La corrupción es tóxica para la democracia en Latinoamérica y ello se puede corroborar. De acuerdo a datos del Latinobarómetro 2017, los grados de corrupción percibidos son altos. En una escala del 1 al 10, donde 0 significa ‘nada’ y 10 ‘mucha’, ante la pregunta ¿cuánta corrupción cree que hay en el país X?, las respuestas a nivel general (18 países) fueron: 7,5 gobiernos nacionales; 7,4% Congreso nacional; 7,4% municipios; 7,4% tribunales de justicia; 7,1% sindicatos; y 7,1% en grandes empresas. En el caso específico de Bolivia, se reflejan prácticamente los mismos resultados.

Uno de los desafíos que se debe superar para que la gente no sienta insatisfacción con la democracia es “asegurar que los gobiernos hagan lo que se supone que deben hacer y no hagan lo que no se les ha mandado hacer (Przeworski, 2016). Los datos que arroja el estudio mencionado justamente indican lo contrario del desafío a superar: los gobiernos hacen lo que no se les ha mandado hacer, y por eso la gente percibe de manera negativa a sus representantes políticos.

La percepción que tiene el ciudadano sobre la corrupción se puede traducir en incredulidad en la eficiencia de las instituciones políticas y, por ende el decrecimiento del apoyo a la democracia como régimen. De acuerdo al Latinobarómetro, en el 2017 solo el 53% de la gente en la región apoyó a la democracia, a diferencia del 61% en el año 2010.

Así las cosas, es necesario replantear los debates sobre este desgaste lento pero pernicioso que está sufriendo la democracia como efecto del carácter tóxico de la corrupción, lo que en el mediano y largo plazo es posible que afecte aún más si es que no se la combate.

En este sentido, es necesario y urgente revertir estas tendencias, pues son campanadas de alerta temprana sobre lo que puede pasar en el futuro: acrecentar los niveles de deslegitimidad en los diferentes gobiernos, sean estos nacionales, subnacionales o locales y, por lo tanto, el arribo de un personaje audaz con un discurso político ‘mesiánico’ y  lenguaje corporal interpelador contra las clases políticas ‘corruptas’, con posibilidades de tomar el poder.

La corrupción se refleja de varias formas, desde un ebrio que coimea a un policía para evitar ser llevado y arrestado por ocho horas, hasta la recepción de un determinado porcentaje por favorecer la adquisición de un servicio o producto otorgado por una empresa privada X hacia una institución pública X.


La democracia se la construye desde las instituciones públicas, las cuales están sujetas a reglas que ordenan el comportamiento y favorecen la transparencia. Sin embargo, la corrupción se encarga de intoxicar este orden y desencantar a la gente con la política y los políticos, y por gravedad, a la democracia.

Tags