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¿A qué autor de novela de terror podía ocurrírsele que a Santa Cruz se le arrebatara un año su Carnaval? Suele decirse que la realidad supera a la fantasía, y en este caso la expresión aplica con total cabalidad a lo ocurrido en los últimos tres días en la capital del oriente boliviano, que vivió una no celebración inédita de la denominada ‘fiesta grande de los cruceños’.

Las calles del centro de la ciudad que por estas fechas lucían recargadas de alegría, amistad, banda y pintura, este año aparecieron vacías, irreconocibles y silenciosas, y más que indiferencia transmitían una sensación de tristeza por lo que no fue ni será nunca más. Volverán los carnavales a este pueblo alegre, pero el Carnaval de 2021 se habrá perdido para siempre en la larga noche de esta pandemia que no se quiere ir un año después de haber llegado.

Es imposible no dejarse envolver por un aire de nostalgia en estas jornadas de lluvia; porque los cruceños llevamos el Carnaval en uno de los lugares más apreciados de nuestra identidad. Con los años aprendimos que Carnaval no es solo la fiesta, sino también la tradición del encuentro entre cruceños, la preservación de los lazos horizontales de las generaciones y también los intergeneracionales; la reafirmación de lo que somos y cómo somos.

El Carnaval cruceño se adapta cada año a las modalidades de lo nuevo que trae el avance de los tiempos, la influencia de la globalización y los nuevos hábitos de los más jóvenes, pero no por eso se ignora ni mucho menos se elimina la expresión tradicional del Carnaval de años anteriores.

Atrás quedaron, por este año, coronaciones y corsos, alegorías y sátiras políticas, fantasías y sano espíritu de competitividad que cada año busca un mayor crecimiento de las proporciones, bandos y humor camba, tardes de mojazón y noches de churrasco, pinturas y recorridos en grupos de amigos, y hasta garajes con sus artistas del momento importados.

Todo ha cambiado, y aun así, a lo lejos ha sonado alguna solitaria tamborita en las primeras horas del día, para recordarnos que el Carnaval permanece en nuestra memoria y el sentimiento, para pensar, saber y tener fe en que esta pesadilla algún día tendrá que terminar.

A diferencia de otras ciudades, junto a la suspensión del Carnaval Santa Cruz acató una cuarentena que impidió el desarrollo normal de actividades porque nuestra región sufre con más rigor el ataque del virus. En estos días la estadística del Sedes ha mostrado una cierta tendencia a la baja en el número de contagios, pero los responsables de salud atribuyen ese fenómeno a que los laboratorios no operan en toda su capacidad en días feriados.

Los informes no dan para aflojar el cumplimiento de las medidas de bioseguridad, han advertido las autoridades de salud del departamento, porque además hay muchas personas que viajaron al interior en estas fechas y que probablemente contraerán el virus como producto de las fiestas y reuniones a las que asistieron. Esas personas volverán a la ciudad con el virus en sus organismos y ocasionarán casi con seguridad una nueva elevación de la cantidad de casos positivos.

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