Opinión

El centro histórico de la ciudad se nos está muriendo

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2 de septiembre de 2019, 4:00 AM
2 de septiembre de 2019, 4:00 AM

¿Alguien se ha preguntado qué sería de Santa Cruz si su centro histórico desapareciera? O, lo que es igual, ¿si se convirtiera en un tugurio peligroso y maloliente? Pocas cosas reflejan tanto nuestra identidad como el centro histórico, su importancia es vital, ya que no existe otro espacio que promueva y permita la integración de los habitantes de Santa Cruz sin distinciones de edad, sexo, condición económica, etc.

Lamentablemente, y aunque nadie lo quiera ni crea, está sucediendo. Santa Cruz está perdiendo aceleradamente su “particular” centro histórico, como consecuencia de un evidente éxodo de personas y actividades, originado a partir del crecimiento desmedido y descontrolado de la población y de su mancha urbana. Ello produjo caos vehicular, falta de estacionamientos, inseguridad ciudadana, especulación en el costo de la tierra, distanciamiento de los lugares de trabajo y de la infraestructura escolar, etc.

A este decaimiento ha contribuido la desacertada decisión de trasladar a otros emplazamientos a las oficinas públicas, llámense Alcaldía, Plan Regulador, Gobernación, etc. que vitalizaban el centro con su quehacer y generaban actividades económicas de apoyo y servicio. Si a esto se le suma la aparición de centros comerciales (malls) que ofrecen parqueo gratis, seguridad, entretenimiento, alimentación y fácil acceso, el destino del centro histórico está claro, a menos que a la brevedad se tomen cartas en el asunto.

Nada ni nadie puede impedir el crecimiento de la ciudad ni la aparición de nuevas tipologías comerciales competitivas e innovadoras. Lo que hay que hacer, es tomar conciencia de la situación y planificar una estrategia para preservar el centro histórico, dinamizarlo y hacerlo competitivo.

Si bien el sector inmobiliario y comercial han decaído y siguen en picada, hay actividades que aún mantienen vivo al centro histórico, a las que hay que apoyar y potenciar en todo sentido. Entre ellas estarían las actividades culturales, religiosas, los mercados y algunos “ejemplares” de la gastronomía, comercio y entretenimiento, que aún subsisten, a los cuales habría que proteger, auxiliar y preservar a cualquier costo.

Pero para preservar y revitalizar el centro histórico en toda su extensión, además de apoyar y potenciar lo que ya funciona, habría que impulsar el turismo, el comercio, la gastronomía, la vivienda, la hotelería, la educación, el entretenimiento y cuanta actividad ayude en el propósito.

Para ello, es importante considerar que a diferencia de las “grandes inversiones” que se realizan en las afueras y que están manejadas por grupos económicamente fuertes, que planifican y controlan la calidad, el funcionamiento y hasta los horarios y días de atención de sus desarrollos, el centro histórico está compuesto por un sinnúmero de propietarios, en su mayoría de bienes heredados, que actúan por cuenta propia y sin planificación y que añoran épocas económicamente mejores.

Para encarar un plan realista de revitalización es imprescindible que “los propietarios” tomen conciencia que comercialmente el centro se ha depreciado, y que para revertir esto, habría que competir con los desarrollos que se realizan fuera de él. Por eso es imprescindible unirse, planificar, invertir y conquistar inversionistas, además de bajar los costos, asimismo, se debiera sacar provecho de las particularidades únicas que ofrece y del valor cívico e histórico que representa.

Dada la trascendental importancia del tema, es imprescindible que la Alcaldía asuma la responsabilidad que le corresponde y le dé la prioridad que requiere, y conjuntamente a “los propietarios” trabajen a nivel de planificación, legislación e inversión.

A seguir, las acciones ineludibles que la Alcaldía debiera realizar dentro de un Plan Integral de Revitalización del Centro Histórico.

La construcción y administración municipal de edificios de estacionamiento en lugares estratégicos, de manera que abastezcan la demanda en su conjunto.

Eliminar los impuestos a las propiedades, así como las licencias de funcionamiento a las inversiones que se realicen en el centro histórico.

Flexibilizar la normativa vigente en el caso de la afectación a bienes catalogados.

Participación en el mantenimiento de edificaciones catalogadas y consideradas importantes o prioritarias.

Elaboración de un proyecto integral (a ejecutarse en etapas), de un sistema de peatonalización y semipeatonalizacion del centro y su equipamiento urbano. El mismo que invite a la población a recorrerlo en forma cómoda y segura.

La promoción del uso de la bicicleta como medio de transporte y paseo, considerando la implementación de circulaciones apropiadas y espacios de estacionamiento. Planificación y control del tráfico vehicular privado y de transporte público.

El retorno al centro de oficinas administrativas estratégicas que estimulen y fortalezcan la actividad diurna en el centro.

Solo trabajando en conjunto se podrá evitar la tugurización del centro histórico de Santa Cruz.

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