Opinión

El cerebro y la didáctica

El Deber logo
7 de marzo de 2017, 4:00 AM
7 de marzo de 2017, 4:00 AM

Un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology (Boston, 2010) colocó un sensor electrodérmico en la muñeca de un universitario para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante 7 días. El resultado del experimento sorprendió: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase tradicional (solo el profesor habla) era la misma que cuando veía TV, es decir, prácticamente nula, demostrándose científicamente que el modelo pedagógico basado en un receptor pasivo no funciona.

Para la neurociencia, el aprendizaje es cualquier variación en las redes sinápticas, producida por la percepción de nuevos estímulos del mundo exterior (experiencias) o desde el mundo interior (pensamientos) que genere cambios en la conducta o el pensamiento. Un cambio de conducta significa variar la respuesta ante el mismo estímulo. Con las máquinas de neuroimagen se puede observar la actividad cerebral en el momento del aprendizaje. De aquí se desprende la neurodidáctica, relacionada con los procesos de aprendizaje y cuya meta es transformar el modelo educativo. Al adquirir información, el cerebro procesa los datos desde el hemisferio derecho –más relacionado con la intuición, la creatividad y las imágenes–. Por tanto, el procesamiento lingüístico no es el protagonista y la charla cansadora de los docentes no funciona. En una aburrida y nociva clase de química, donde nadie sabía cómo se aplicaban en la vida real ciertas fórmulas, alguien preguntó a la mediocre profesora: ¿para qué me sirven esas fórmulas? “Te preguntarán al ingresar a la universidad, así que estudia de memoria”, fue la estúpida respuesta a una buena pregunta. 

Estos docentes depositan el conocimiento en el cerebro del alumno para luego evaluar su memoria mecánica. (Véase el banco de preguntas de la PSA, muy sobrevalorado por la Uagrm). El cerebro, por excelencia, es social y aprende mejor haciendo algo con alguien; por eso hay que sepultar definitivamente las clases magistrales y la memorización mecánica. Transferir lo aprendido a la vida real, he ahí un gran propósito docente. Exhortamos a los profesores a transformarse en facilitadores del aprendizaje. Nietzsche decía: “No necesitamos profesores, necesitamos educadores”. Muy de acuerdo  

Tags