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23 de septiembre de 2017, 4:00 AM
23 de septiembre de 2017, 4:00 AM

Septiembre fue el mes de los huracanes y sismos de gran magnitud que arrasaron con todo a su paso y se cobraron unas 250 vidas humanas. 

El huracán Irma se paseó por Florida, las Antillas, Puerto Rico, República Dominicana y Haití, y, por si fuera poco, en México, un sismo de colosal magnitud hizo sentir su fuerza casi en todo el país…, sin embargo, no se cobró la cantidad de vidas que se cobra el narcotráfico, ni causó el dolor de millones de personas ante la estupidez de países poderosos que prueban sus armas en el cielo o el mar con las que podrían dar fin a la humanidad. 

No hubo tantas víctimas inocentes como las que se cobra el terrorismo, las guerras, el narcotráfico, la venta de personas, de armas, ‘las causas justas’, los que se acusan de imperialistas y no imperialistas, las violaciones, los asesinatos, flagelos que se ensañan sobre todo con niñas, niños y mujeres. Estos no son fenómenos naturales, son fenómenos criminales. Y por si fuera poco: ni el sismo ni los huracanes ni los terremotos de septiembre de 2017 han arrasado con tantos bosques, como el ‘desarrollo’.

Y cuántos muertos dejan a diario los ‘terremotos’ políticos, los liderazgos democráticos –que en nombre de izquierdas, derechas, Dios o justicia– matan y mandan torturar a muchos más seres humanos que un huracán o un terremoto natural. 

Las democracias no se diferencian de las dictaduras. El poder es el que habla y es lo único que habla. Son democracias autoritarias donde nadie tiene derecho a decir lo que va en contra de los intereses del ‘huracán’ o del ‘terremoto’ deshumanizado criminal y antinatura llamado “líder”; capaz de mandar matar a quien sea por el poder absoluto y corrupto. Mueren a diario muchos más seres humanos, niñas y niños, jóvenes, ancianos, muere la vida de manera planificada por ‘estrategas’ de alto nivel. 

Y entonces cuando leí condolencias de líderes políticos mundiales que han permitido y permiten que en sus países mueran cientos, miles, millones de personas, me pareció el colmo del cinismo humano. Entre los fenómenos naturales y los fenómenos criminales hay años luz de diferencia.  

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