Opinión

El corazón del Tipnis

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7 de agosto de 2017, 10:43 AM
7 de agosto de 2017, 10:43 AM

Alfonso es un indígena yuracaré que en octubre del 2011 estaba dispuesto a morir. Tenía 70 años y no pensaba morirse de viejo, sino, quizás, marchando a La Paz, a esa ciudad que no conocía, porque siempre escuchó decir a sus abuelos que quedaba allá, lejos de las tierras bajas y en las alturas de los Andes, donde aquel año la estaba trepando a paso de liebre para evitar que una carretera asfaltada parta en dos el territorio donde estaba su casa de barro dentro del Tipnis. 

Alfonso estaba en Marimono, era domingo y ya llevaba 45 días caminando a la sede de Gobierno. Estaba herido. El 25 de septiembre de ese 2011, la policía, en su afán por desbaratar la octava marcha indígena, lo había agarrado a patadas, le había atado las manos y los pies, tapado la boca con una cinta adhesiva y lo subieron a una camioneta. Como él, más de 70 indígenas, entre adultos, ancianos y niños, tenían lesiones, pero estaban con el alma envalentonada, porque cuando iban a ser puestos en un avión con rumbo desconocido, los vecinos de Rurrenabaque ejecutaron una liberación épica: se lanzaron contra los policías a sabiendas de que iban a ser golpeados y atormentados con gases lacrimógenos. 

La estrategia dio resultado: mientras los vecinos ponían el pecho, los indígenas detenidos rompían la alambrada del aeropuerto y volvían a emprender la marcha a La Paz. Lo único que buscaban era impedir que el tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos parta en dos el corazón de su territorio.

Ese domingo Alfonso estaba con los pies hinchados, aún muy lejos de La Paz y de ese bosque donde vivía y que mide un millón de hectáreas. Eso, que parece mucho, representa apenas el uno por ciento del territorio de Bolivia. Pero en ese uno por ciento, Bolivia guarda más de 2.000 especies de animales y árboles que en otros países ya son cosa del pasado. Pero sobre todo, es la casa de originarios de las etnias yuracaré, moxeño y trinitario. Alfonso se levantó de la piedra donde está sentado para proseguir la marcha. Ahora no sé qué será de él y si estará enterado de que la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobará una norma que permitirá que una carretera atraviese su Tipnis. 

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