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El cuento del abuelo

Oso Mier 28/8/2020 05:00

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El martes fue el día del adulto mayor. Antes no había ese día, ni se hablaba de los abuelos. Luego apareció el Día de la Ancianidad, de la tercera, luego cuarta edad y de otros títulos para evitar decirnos, simplemente viejos. El problema no radica mucho en lo que nos dicen, sino en lo que en realidad somos. Entre mis amigos tuve adultos menores. Se murieron a los 60 y recién el otro día, a uno de ellos, lo enterramos a los 83.  

No es cuestión de edad. Es cuestión de decisión. Hay gente que decide ser vieja, porque se auto margina, le pone un candado a la puerta de sus sentimientos y, a manera de dormir, ensayan para irse al más allá, cuando seguimos en el más acá, porque tenemos asignaturas pendientes que cumplir. 

No hay que jubilar el alma, no bajarnos del micro de la vida en cualquier esquina de los contratiempos. Hay que batallar y volver a ser niños. Cambiar a las viejas brujas y feas de los cuentos, por hechiceras jóvenes y locotas, aunque sea virtualmente. 

En síntesis, yo a mis nietos, en versión propia, les cuento así: 

“Esta es la historia de la pobre Cenicienta que vestía una caperucita roja…  

– No, abuelo, ese es otros cuento- me corrige y enmiendo la redacción.  

“La Cenicienta llegó en un hermoso carruaje más que minimalista, algo así neo animalista fusión vegetariano. Era un transformer de zapallo con ratas y cisnes. Cuando se bajó de la carroza, el Rey lucía su Corona VIP 2020 y se metió en cama. El Príncipe aprovechó la coyuntura y se acercó a la extraña damicela y le dijo  

¿Hola, bebé, ese coche que parece calabaza es tuyo?  

Puej, le respondió. 

Qué full nena, sos lo máximo sister.  

Sí, es mío, respondió humildemente 

¡No mames…miechi, me estas mamando, sos la full joda”. 

Cuando vio sus zapatillas de cristal, el príncipe asombrado, la tomó de la mano y la condujo al Salón de los Espejos y los Polvos. Silenciosamente fue despojándose de su banda imperial, sus dieciséis  condecoraciones, un escapulario, su cinto y su espada, pero cuando iba a quitarse las botas hubo una explosión 

No le hice caso, pero revelé el final de la historia.  

“Cenicienta huía del Palacio en su carruaje que iba convirtiéndose en una calabaza cuando en la tele anunciaban: “Noticias de último momento. Una joven terrorista huyo del Palacio Imperial, luego de atentar contra el Príncipe Heredero, haciendo explotar una bomba Molotov camuflada como una zapatilla de cristal. El Príncipe está fuera de peligro”. Mi nieta se durmió y yo, chocho de la vida.