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3 de septiembre de 2017, 4:00 AM
3 de septiembre de 2017, 4:00 AM

Nombre de nacimiento: Lhamo Dondhup, en la fe budista es la reencarnación del decimocuarto Dalai Lama (del mongol Dalai=Océano y del tibetano Lama=maestro reencarnado). Nombre de Lama: Tenzin Gyatso. Situación: continúa exiliado en el Siglo 21.  

Tenzin Gyatso (el Dalai Lama), es líder espiritual de los tibetanos y actualmente tiene 82 años. Desde el intento de emancipación de 1959 a la brutal ocupación china, el Dalai Lama cumple 58 años de exilio en Dharamsala (norte de la India) donde se le ha permitido instalar su Gobierno y desde donde ha venido ejerciendo una denuncia firme y resistencia pacífica sobre la situación del pueblo tibetano. 

En 1989 Tenzin Gyatso recibió el Nobel de la Paz, que en la práctica, luego de 28 años de recibirlo, ha sido tan simbólico que no ha revertido en nada la situación de los tibetanos que en la actualidad mantienen una lucha no solo espiritual por mantener el budismo tibetano, sino también cultural dado el proceso de aculturación y presión social sistemática del Gobierno chino. 

De hecho, demográficamente los chinos son más del 50% de la población en el Tíbet y es el segmento que goza de los privilegios del Gobierno mientras que las poblaciones tibetanas nómadas están literalmente excluidas, llegando a ser una especie de extraños y parias en su propia tierra.
Más allá del Nobel recibido, Tenzin Gyatso es un gran hombre de paz (tenga el mediático premio o no) y tiene un poder que pocos hombres en la historia reciente de la humanidad han proyectado (entre ellos Gandhi y Mandela), ese poder no tiene que ver con las armas, no tiene que ver con el dinero, no tiene que ver con la brutalidad o la capacidad de destrucción. 

El poder del Dalai Lama radica en su sencillez firme y espíritu elevado, capaz de resonar en todo corazón dispuesto a escuchar sus enseñanzas. A ratos parecerá un niño travieso jugando en los límites de la irreverencia, a ratos será la voz por su pueblo y a ratos, el Lama espiritual que los tibetanos necesitan pese al solitario camino que le toca transitar (ONU, Unión Europea, etc. etc. ¿Dónde están en realidad?).  

En Alaska, tuve la oportunidad de conversar con monjes tibetanos exiliados que comparten donde pueden su cultura y fe. No alzan la voz, no evidencian despecho, no proyectan ánimos de venganza, sino más bien, despliegan sus hermosos Mandalas de arena y forjan un aura de gran respeto por su Dalai Lama, y es que de propia voz se puede advertir que la fortaleza y esperanza de estos monjes, en gran medida viene del respeto genuino al ejemplo que reciben de su líder y eso es más que religión, es más que política. 

Por ahora el Dalai Lama, vergonzosamente para este mundo “moderno y evolucionado” del siglo 21, continúa exiliado, y es obvio que en la agenda mundial, el destierro de un Nobel tibetano de la Paz, no es muy importante, aunque… en realidad sean alrededor de 190.000 tibetanos en el exilio (2.000 tibetanos escapan anualmente del Gobierno chino).

Desde Dharamsala en la India, el Dalai Lama mira de tanto en tanto en dirección a su amada Lhasa (Capital del Tíbet), con la esperanza de superar algún momento los más de 1.400 Km que los separa y volver a “correr como niño” en los laberínticos pasillos del imponente Potala.  

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