OpiniónEDITORIAL

El daño colateral de una pugna de poder

16 de abril de 2020, 4:00 AM
16 de abril de 2020, 4:00 AM


Por si la pandemia no fuera suficiente para tener en vilo al mundo, ahora hay una lucha de poder entre Estados Unidos y China que complican la situación poniendo a la Organización Mundial de la Salud en el ojo de la tormenta.
Estados Unidos suspendió el aporte de 400 a 500 millones de dólares a la Organización Mundial de la Salud por considerar que el director de este organismo ha favorecido a China y ha sido parte de ocultamiento de información sobre el coronavirus. Las denuncias venían desde antes y la amenaza de retirar el financiamiento también. Por supuesto, China ha lamentado esta determinación, pero el aporte del país asiático no se equipara al estadounidense.

En todo caso, la lucha de poder no le hace bien al mundo. Y, si el manejo de la Organización Mundial de la Salud es político –como dice Trump- tampoco ayuda en este momento en el que esta entidad adquiere una relevancia planetaria sin precedentes. Si el director de este organismo debe dar un paso al costado para allanar el camino a la estabilidad mundial, debería considerarlo. Es ahora cuando se necesita que los países más poderosos unan sus esfuerzos no solo para dar saltos científicos destinados a encontrar la vacuna y los antídotos para que el Covid-19 no sea una sombra amenazante durante los próximos años, sino también para hallar la ruta que permita salir de la crisis económica en la que está sumergido el mundo.

Lamentablemente, en este escenario se está librando una batalla para definir dónde se asienta el mayor poder, la cual tiene impacto en la lucha contra el Covid-19, en el precio del petróleo y de los commodities; es decir en los ámbitos que determinan la calidad de vida de la humanidad.

Si la Organización Mundial de la Salud debe corregir el rumbo y tener una actuación menos política, es urgente que lo haga; pero también las potencias mundiales están obligadas a actuar con mayor responsabilidad, debido a que la vida de más de 7.000 millones de almas dependen de sus decisiones y acciones. No es válido pretender que en esta guerra de poder se mire como daño colateral las más de 100.000 muertes producidas por esta pandemia ni que la recesión mundial sea tomada como un costo aleatorio. 

El mundo se está transformando y no precisamente de una manera planificada, sino como efecto de una pandemia que está cobrando una dura factura a toda la humanidad.

En esa línea, urgen acuerdos para dar asistencia a todos los países, desde los menos favorecidos hasta las grandes potencias, ya que en este momento faltan insumos de bioseguridad y medicamentos para tratar el Covid en todo el planeta, amén de acelerar las investigaciones para avanzar en las estrategias para eliminar el virus. Por otro lado, la caída de precios de los productos básicos, la paralización de la producción y de la economía en general son una amenaza para el empleo y el bienestar de la humanidad. La pugna de poder solo profundiza ese impacto económico con millones de personas golpeadas.

Hay que esperar que los poderosos en pugna reflexionen y que los líderes mundiales ayuden a llamar al orden a dos mandatarios que han demostrado pensar poco en la humanidad, sumergidos como están en quién gana la siguiente batalla.

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