Edición Impresa

OPINIÓN

El Deber .... ¡68 años ya! (recién)

Escucha esta nota aquí

Esta mañana se me juntaron los recuerdos... la casa de la calle Velasco, esquina Mercado, las costuras de mi madre, el cuarto grande dividido por 2 roperos donde dormíamos Jorge Arturo y Mama Rosa y donde se probaban los vestidos las señoras y, en la otra parte, donde estaba la puerta de 4 hojas, el taller de costura... ¡bah! 2 máquinas, una mesa y muchos cajoncitos donde había botones, pasamanería, entretela para cuellos y puños, leda, satén, hilos, tijeras... en fin...

Pudiera detallar todo ese cuarto donde estaba la "Vigorelhi" que trajimos de Brasil, pero no, porque este tema tiene que ver con "puertas afuera"; es decir, la calle Velasco, donde nos sentábamos Jorge Arturo y yo a esperar al canillita o periodiquero que traía El Deber (aunque mi padre no esté por acá, sea en el exilio, en el Senado o correteado por Barrientos) y al que vendía gelatina de pata en vaso de cristal y cucharillas de aluminio.

El Deber es ese recuerdo. Claro, la lectura inicial era el deportivo que tenía seguramente 5 o 6 notas cortas hablando de "Petro" (ahora Oriente Petrolero) y de los demás equipos.

55 años pasan ya de ese tiempo. Con El Deber comencé a informarme de lo que pasaba en el país, en Santa Cruz. Entre las 6 y 7 de la mañana, algo había que hacer y leer era lo único que había a esa hora. Supe que Barrientos era presidente, me enteré que existía un tal Ovando Candia, que el ‘mono’ Paz se había ido de huída (después tuve el gusto de conocerlo y visitarlo en Lima) y las elecciones del 66, Barrientos y Siles, Bilbao y Romero. Y así me fue interesando todo, gracias a El Deber...

El querido El Deber ahora es una institución cruceña. Acompañé su crecimiento, gocé del cariño de don Pedro Rivero Mercado; alguna vez lo visité en el periódico, otras veces convocó a su casa a varios para saber cómo veíamos la cosa política y mientras escuchaba, tomaba su whisky en una tutuma que alguien le hizo, mientras los demás tomábamos en vasos.

Una vez, no mucho antes de su partida final, le pedí entrevistarlo para mis programas Memoria Activa, donde pasaron muchas personas y personalidades cruceñas y me miró muy serio y se negó: “Ya estoy grande”, dijo, “A veces me olvido cosas”. Y, no se hizo... me lo perdí.

Don Pedrito hizo este El Deber que conocemos. Sabemos lo que costó; conocemos lo difícil que fue, pero lo hicieron, él, la señora Rosita, Choco, Willy, la Negra, Cacho, la China, don Chelo y el montonazo de periodistas y editores que pasaron y seguirán pasando. Tienen streaming con Sissi en los despachos (un lujo), radio, con Choco y Mónica los sábados, y a diario con Leo, y ahora está Juan Manuel, y los nietos que se ganan el sitio a pulso sin que nadie les regale nada, Alejandra, Ingrid, Pedro nieto que está aprendiendo bien en el deportivo (como comenzó su padre) y ahí en lo de "la pelota" está mi amigo Jaime Galarza y su equipo. Y nombro a Guider, Roberto, Juan Carlos... todos hacen un muy buen trabajo... ni que decir Roberto Navia y Marcelo Suárez (algún día voy a escribir como ellos, cuando sea grande) ...

El Deber es web; es radio, con Marcelo Huanca Dorado, es periódico (extraño a Pablo Ortiz y a Tuffi por ahí) con los nombrados y con Leyla, Carla, Ricardo ... en fin...  recoge premios por montones; esos no se los regalan... los logran porque son buenos... los mejores

Son los mejores y son nuestros... y me llenan de orgullo; celebro que sean tan cercanos, desde hace 55 años, ni más ni menos...

¡¡Feliz cumpleaños, El Deber!! Recién 68. ¡La historia que va a seguir escribiendo!

Comentarios