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10 de septiembre de 2019, 4:00 AM
10 de septiembre de 2019, 4:00 AM

El 2 de septiembre, Diego Ayo publicó en EL DEBER un decálogo medioambiental, con una serie de medidas que el autor considera necesarias para cuidar el medioambiente. Lamentablemente, y pese a sus buenas intenciones, Ayo no acierta ni de lejos con ninguna de ellas.

De hecho, si las medidas que recomienda se aplicaran, no solo que no se conseguiría cuidar el medioambiente, sino que además se impondrían trabas enormes al desarrollo y a la superación de la pobreza. Es un decálogo ingenuo.

Por razones de espacio agrupo las medidas propuestas en tres puntos.

1. Ayo dice que es necesario “usar ya todas las formas de energía renovable,” “decir no a la energía nuclear” y que el Gobierno desarrolle la “energía solar, geotérmica y eólica”.

Lo primero que Ayo debería preguntarse es ¿quién pagará la cuenta de movernos hacia la “energía renovable”? ¿Sabe lo caro que es generar electricidad estable con paneles solares e hidroelectricidad que permite almacenar la energía? Aunque los precios de los paneles solares han caído mucho, se ha calculado, por ejemplo, que la electricidad estable generada por energía solar puede costar diez veces más que aquella generada con gas natural.

Y si la energía es más cara, entonces la gente tendrá menos ingresos disponibles para alimentarse, educarse, comprar una casa, ir al doctor, etc.

¿A cuánta gente se le negará la posibilidad de salir de la pobreza porque el gobierno decidió que usemos “energías renovables”? Por otro lado, la energía nuclear no es tan peligrosa como aparece en el show de Los Simpsons. ¿Sabía que Estados Unidos ha estado usando energía nuclear por más de 60 años? De hecho, en la actualidad, el 20% de la electricidad de este país es producida nuclearmente y constituye el 55% de la energía limpia de ese país (energía que no usa carbón).

Finalmente, pedir que el Gobierno desarrolle energía solar, geotérmica y eólica es pegarse un tiro en el pie.

¿Para qué darle más cosas que hacer al Gobierno, cuando por definición es una institución ineficiente? La producción de este tipo de energías, o cualquier otra cosa, debe ser el resultado de la interacción entre los que las quieren o necesitan y los que las pueden producir, es decir, del mercado.

2. Ayo dice que no se deben privatizar sino “nacionalizar los parques nacionales y las áreas protegidas.” No, absolutamente no. Si de verdad queremos mantener los bosques hay que privatizarlos ordenada y racionalmente.

¿Por qué se metieron los colonos y los cocaleros a los bosques? Porque, dado que las tierras no son de nadie, Evo les dijo métanse nomás. ¿Y por qué quemaron sin ningún control? Porque no son sus tierras.

No tienen un título de propiedad y por lo tanto no tienen incentivos a cuidarla en el largo plazo. Si se le otorgara la tierra a una empresa maderera con un título de propiedad a 100 años, por ejemplo, la empresa talaría y cortaría en tanto y en cuanto pueda plantar de nuevo para mantener su negocio. Los incentivos importan y el lucro (que es una palabra que no le gusta a Ayo) es la mejor forma de cuidar las cosas.

De lo contrario, volveremos a caer en la típica trampa de los bienes comunes.

Tierras de todos que nadie cuida y políticos que las utilizan a su antojo. 3. En varias de las medidas del “decálogo,” Ayo invoca y suplica la intervención del Gobierno. No confía en absoluto en que el actuar de gente libre en mercados libres produzca resultados eficientes.

No, eso sería imposible para Ayo.

Sin el Gran Hermano no podemos hacer nada. Así, Ayo pide clamorosamente que el Gobierno controle el chaqueo, proteja las reservas de agua dulce, proteja los glaciares, regule la expansión urbana, haga estudios de factibilidad ambiental para caminos, regule la agricultura, promueva la actividad agroecológica “en manos de pequeños y medianos productores campesinos,” supervise los transgénicos y además restrinja los “productos extranjeros que inundan nuestros mercados.”

Eso, señor Ayo, se llama ingeniería social. Esos son los deseos de un planificador que amolda la sociedad como a él le parece.

¿Acaso no ha visto cómo nos va cuando dejamos que los gobiernos planifiquen? Como decía Milton Friedman, si dejas al Gobierno a cargo del desierto, en cinco años no habrá arena.

Y además ¿por qué no dejar que empresarios grandes se encarguen de actividades agroecológicas? Las empresas grandes, no las medianas o las chicas, son las que desarrollan economías de escala y contratan más trabajadores. Si así vamos a cuidar el medioambiente no solo se nos van a acabar los bosques, sino que seguiremos subdesarrollados. Solo el día en que digamos menos Gobierno, más respeto a la propiedad privada y a la decisión de cada persona de perseguir su proyecto de vida, empezaremos a tener un chance.

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