Opinión

El “defecto” de pensar

9 de abril de 2020, 3:00 AM
9 de abril de 2020, 3:00 AM

En los futuros debates sobre el nuevo orden mundial que se está creando desde hace mucho (probablemente, como hito, desde la caída del Muro de Berlín) y que el coronavirus ayudará a culminar, el tema de las redes sociales ocupará un espacio relevante como factor fundamental del cambio y proyección.

Sirve utilizar un ejemplo: es impactante que esta columna sea leída al mismo tiempo por los fieles seguidores de El Deber, varios de mis amigos, hombres y mujeres, a los que se las mando vía WhatsApp y que viven en diferentes ciudades del planeta. Además, no falta algún amable lector que decide “postearla” en alguna de las redes sociales aumentando geométricamente su difusión.

Hasta la apertura de los nuevos soportes, sólo leían una columna quienes compraban el periódico y, a lo sumo, el contenido podía ser comentado en algún programa de alguna radio o canal de televisión…

Pero, el incremento de la capacidad de difusión no puede negar las también infinitas posibilidades de distorsión de informaciones (las famosas noticias falsas), que tanto daño hacen a la gente que participa en el mundo virtual.

Por la experiencia que estoy adquiriendo al navegar en las redes sociales --mi tarea diaria y obligada, tanto por la cuarentena como por mi oficio circunstancial de detector de noticias falsas y editor de verificaciones— una mayoría de quienes lo hacemos buscamos información verdadera, y muchas veces hemos sido engañados por falsas noticias técnicamente bien elaboradas que incluso hemos ayudado a difundirlas más.

La posibilidad de que se dé crédito a las noticias falsas ha hecho que muchos piensen que quienes las reciben son una masa de borregos a los que se puede engañar sistemáticamente. Pero, como bien dice el saber popular, la mentira tiene patas cortas y al poco tiempo el ciudadano no sólo se da cuenta de que ha sido engañado, sino que se va creando, acudo nuevamente al saber popular, la reacción ante el pastorcillo mentiroso: se comienza dudar de todo, incluso de quien difunde hechos verdaderos.

En perspectiva, si bien es angustiante dejar de confiar como principio de vida, en el mundo de los internautas se trata de una actitud correcta, pues solo de esa manera podremos ayudar a recuperar el valor esencialmente democratizante que tiene el mundo virtual al permitir que se pueda concretar el ideal comunicacional: que ambos polos de la interlocución asuman el papel de emisores y receptores.

Pero, se trata de un largo proceso de aprendizaje porque son siglos y siglos de tiempo en los que no se intercambiaban esos papeles: unos eran siempre emisores y los otros receptores. Ahora se abre ese espacio pese a las interferencias de los mentirosos y autoritarios que ven en el mundo virtual no el espacio de la intercomunicación sino de la cooptación y el engaño.

En ese sentido, se nota que cada vez más gente que participa en el mundo virtual se va apoderando del nuevo papel que debe cumplir de emisor y receptor, y exige contar con instrumentos que le permitan obstaculizar la difusión de noticias falsas.

Un ejemplo ilustrativo: en ChequeaBolivia, una institución independiente creada para detectar noticias falsas y verificarlas cuando corresponde, los contenidos que normalmente son más leídos y difundidos por los usuarios son los que proporcionan datos para acceder a fuentes confiables de información o conocer técnicas para que ellos mismo detecten falsas informaciones y parar su difusión.

Mi esperanza es que este interés aumente sistemáticamente y haya cada vez más ciudadanos que se conviertan ellos mismos en obstáculos para quienes quieren utilizar el mundo virtual de manera engañosa.

Termino con un poema de Bertolt Brecht que bien puede aplicarse al tema:

General, tu tanque es más fuerte que un coche. / Arrasa un bosque y aplasta a cien hombres. / Pero tiene un defecto: / necesita un conductor.

General, tu bombardero es poderoso. / Vuela más rápido que la tormenta y carga más que un elefante. / Pero tiene un defecto: / necesita un piloto.

General, el hombre es muy útil. / Puede volar y puede matar. / Pero tiene un defecto: / puede pensar.

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