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9 de julio de 2017, 16:00 PM
9 de julio de 2017, 16:00 PM

Preocupante e insostenible es una declaración que escuché del portavoz del Arzobispado, Erwin Bazán, refiriéndose a la unión de personas del mismo sexo. Dijo que los derechos no pueden abarcar a todas las personas o sectores, en clara alusión a la comunidad gay, lesbianas y trans, enfatizando que el matrimonio lo hizo Dios y la Iglesia entre hombre y mujer, y por tanto deben procrear los hijos que quieran. Agregó que los derechos no pueden ser atropellados o vulnerados por este sector al pretender unirse o contraer matrimonios entre hombre y hombre, así como mujer y mujer.


Es bueno recordarle al portavoz de la Iglesia católica, a la cual pertenezco, que cuando hablemos de derechos humanos no existen fronteras ni barreras para limitarlos, reducirlos, obstaculizarlos o anularlos. O en su caso prohibirlos, como pretende Bazán, que dicho sea de paso no es dueño de la verdad ni de la fe.


Mientras más se amplíen los derechos humanos, se derrumben fronteras, se deshagan muros y paredes, una sociedad es más tolerante, más respetuosa, más pacífica y más amable. En cada rincón, en cada gesto, en cada persona, en cada demanda y en todos los espacios deben imperar los derechos humanos como pilares de todo sistema democrático y político. Recuérdese que lo que siempre acompañó a la historia de la humanidad han sido los impulsos y las luchas por la justicia, la libertad, la igualdad, la paz, la tolerancia y por eso hemos llegado a estas alturas del siglo XXI. De no haber sido así, esa humanidad se hubiera sumido desde hace años en el caos, la guerra, la violencia y la muerte. E incluso se han superado épocas negras como la Inquisición, las guerras mundiales, aunque persistan en la actualidad fanatismos y crueldades. 

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