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El derecho de la izquierda

Oso Mier 2/10/2020 05:00

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Hay cosas muy simples, en realidad estúpidas, que funcionan en la política, en lugares donde la democracia no funciona al ciento por ciento.

No es especular que, entre asesores políticos del anterior régimen, se haya elevado el siguiente informe: “Si lo legal era que, luego del ser reelecto, una elección de yapa era legal y funcional, brincarle a la tercera con chanchullo fue una avivada que funcionó. Por lo tanto, afirmamos que la reelección presidencial indefinida es un derecho humano para un cuarto periodo, metámosle”, dice el documento.

Todos los asistentes lanzaron una carcajada y le dijeron al comité pensante: “Déjense de huevadas, eso en democracia no existe”.

- ¿Y quién les ha dicho que acá la democracia existe?, respondieron los aludidos.

- Pensándolo bien y analizando nuestra realidad, no existe, respondieron los otros.

Ya juntos ambos grupos coincidieron en una estrategia para que haya democracia sin democracia. Tal tesis, que ni a Lenin se le ocurrió, fue sustentada en “tener en nuestro bolsillo a los jueces y al Tribunal Constitucional y fallar a favor de nuestro papito y, finalmente, no meterle un periodo más”. Sectores más entusiastas ampliaron los límites de su ambición, creando el instrumento para que “se quede hasta que le dé la gana. “¡Qué miércoles! Somos más”, según afirmaron.

Este cuentito de “fricción” es una cruda realidad y los crudos son los miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para considerar lo que desde un principio debía rechazarse; para no considerar que, si el “buenito” podía seguir meleando del poder junto a su grupo político. Y eso es lo que se debate para saber aún si la izquierda podía inventar ese derecho.

Mi suegra, firme como un hacha, sostuvo al respecto: “La tiraría no puede tener carta de ciudadanía en ninguna parte del orbe, por lo tanto, la opinión consultiva sobre si la reelección es un derecho humano, me importa un huevo”.

Luego de proceder a las elecciones de nuestro núcleo político “Juntos venceremos, separados periclitaremos” decidimos hacer una vigilia cervecera para esperar un fallo que le devuelva a la democracia la decencia de volver a serlo.

En caso de que haya pretensiones de tiranos que quieran perpetuarse en el poder, abusivos y delirantes, haremos una propuesta de vida, dejar de tomar el jugo de cebada pero, mientras tanto, tomamos dos latitas que mi suegra las tenía escondidas tras sus calcetines de invierno que tiene guardadas en el refrigerador.