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El Derecho Natural y la Constitución

Carlos Pol 28/5/2021 05:00

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La concepción iusnaturalista, como se ha visto, se caracteriza por una concepción dualista sobre el derecho existente. Reconoce la posibilidad de la existencia de un derecho, incluso organizado jerárquicamente, pero condiciona la validez de ese derecho a su adecuación al derecho natural. Tal concepción dualista choca, conforme entendemos, con dos puntos centrales de la doctrina neoconstitucionalista.

En primer lugar, porque la posición de la Constitución como norma jerárquicamente más alta del ordenamiento jurídico no es compatible con una concepción dualista. Para el neoconstitucionalismo, por más que puedan corresponder los valores morales con los previstos en las constituciones, estas no pueden estar condicionadas por el derecho natural.

Por otro lado, ante la imposibilidad de considerar el derecho natural como superior y condicionante de la Constitución, para adecuar las teorías se podría proponer la identificación de la Constitución con el Derecho Natural, conciliando, así, ese desacuerdo. Si consideramos que ambas constituyen criterios últimos de validez, que son las normas de jerarquía más altas de los sistemas y que prevén criterios valorativos y materiales, sería posible la defensa de tal identificación. Sin embargo, tal solución parece todavía menos aceptable, ya que la concepción de Constitución exige la observancia de aspectos relativos a legitimidad, origen y contenido considerablemente diversos de los del Derecho Natural. Según Luis Prieto, aunque se puedan encontrar algunos puntos de convergencia entre Constitución y Derecho Natural, su fundamentación y legitimación son diametralmente opuestos:

La Constitución opera frente a la ley del mismo modo que lo hacía el Derecho Natural, esto es, ofreciendo criterios sustantivos de legitimidad, lo que en modo alguno es equivalente a la existencia de un Derecho suprapositivo en el sentido de supraempírico o al margen de las convenciones humanas. Al contrario, “las Constituciones reflejan el “orden natural” histórico concreto de las sociedades secularizadas y pluralistas, en las que, precisamente por ello, no podría proponerse de nuevo un derecho natural con fundamento teológico ni racionalista”; más rotundamente, el derecho natural no sería compatible con la democracia en su sentido actual.

Por último, es importante referir la consideración de que una vuelta al Derecho Natural causaría serios problemas a la función epistémica del derecho, lo que no parece ser asumido por la posición neoconstitucionalista, que se mantiene fiel a las fuentes oficiales del derecho. Aunque sostenga ideológicamente la necesidad de que las Constituciones contengan criterios materiales, no deja de considerar a los sistemas que no los contemplen como jurídicos, sino como ordenamientos constitucionalmente deficientes.



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