Opinión

El derrumbe de un liderazgo

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6 de abril de 2018, 4:00 AM
6 de abril de 2018, 4:00 AM

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva está en las puertas de ir a la cárcel por sonados casos de corrupción. La Corte Suprema de Justicia de ese país acaba de rechazar –tras una ajustada votación– el pedido de hábeas corpus interpuesto por su defensa, lo que ha permitido que el juez que lleva adelante el caso Lava Jato ya hubiera ordenado su reclusión. 

Esa investigación desveló desde hace cuatro años una gigantesca red de sobornos en Petrobras, que salpicó prácticamente a todos los partidos y a empresarios de primer plano, entre ellos altos funcionarios del Gobierno de Lula. 

Lula da Silva asegura que es inocente y que su procesamiento forma parte de una ofensiva de los sectores más conservadores para impedir su regreso al poder tras las elecciones presidenciales de octubre, donde las encuestas lo ubican en el primer lugar entre las preferencias.
La vinculación de Lula con Lava Jato resulta emblemática debido a que el expresidente fue uno de los principales referentes de la nueva izquierda latinoamericana, que levantó la lucha contra la corrupción como una de sus principales banderas políticas.

Se derrumba así uno de los liderazgos políticos más importantes de América Latina debido a uno de los lastres más recurrentes en la administración pública de la región. Todas las encuestas señalan que la corrupción es la principal preocupación de los latinoamericanos, que se curan de espanto con las novedades que señalan que las malversaciones afectan a miembros de casi toda la clase política, sean liberales, conservadores o socialistas.

El pulpo maléfico de Lava Jato trascendió las fronteras brasileñas y afectó a decenas de países en la región. La renuncia del expresidente de Perú Pedro Pablo Kuczynski, involucrado en pagos de sobornos por parte de la empresa Odebrecht, forma parte de este lamentable proceso. Los coletazos, incluso, han llegado a Bolivia, donde se investiga el presunto pago de sobornos en la construcción de dos carreteras troncales.
La lucha contra la corrupción debe ser implacable, caiga quien caiga. La labor del juez Sergio Moro y de otros jueces y fiscales parece encomiable y libre de cálculo político. Ojalá la independencia de poderes permita, en Brasil, ir al fondo de la cuestión y logre procesar a todos los involucrados en esta sucia operación por más de 20.000 millones de dólares. 

Más allá de Lula, Brasil reclama transparencia absoluta en la administración de fondos que son de todos los ciudadanos y que deben utilizarse para obras públicas, salud y educación.

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