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Con la industria 4.0 ningún sector está exento de cambios. Y la educación superior no es la excepción. Adaptarse no es una opción, es una constante aún para países menos desarrollados. En las aulas resalta la necesidad de una actualización.

Los profesores no podemos seguir enseñando lo que aprendimos hace 20 años o más, debemos buscar actualización, encarar un nuevo modelo de aprendizaje en base a esta nueva cultura llamada era digital. La era digital viene acompañada de herramientas como el internet de las cosas, la inteligencia artificial, Fintech, Blockchain, Big Data, Data Science y otros más.

Nunca habíamos estado al alcance de la información de forma tan rápida y a bajo costo, mejores servicios, reducción de las distancias en relación a la formación y la salud. Los docentes universitarios tendrán que elegir entre seguir formando estudiantes con objetivos establecidos en siglos pasados o aceptar el desafío de formar emprendedores con visión y cultura que se adapta y se sostiene en el tiempo, que adopte herramientas de la industria 4.0 para resaltar en el nuevo modelo de mercado laboral.

Los docentes tendremos que demandar cambios de forma y de fondo en las asignaturas que impartimos, debemos pensar en una adaptación digital personalizada, a través de contenidos mínimos en cada asignatura y la transformación de la malla curricular, que responda a las demandas del sector productivo local, nacional e internacional. No se trata de adoptar nuevas tecnologías, sino una nueva forma de pensar, una transformación en la cultura del estudiante, que estructure nuevos talentos con competencias actualizadas, para que sean demandados en el mercado laboral donde se desenvuelven.

¿Están preparadas las universidades para este desafío digital? Hay que entender que cada universidad se rige en base a normas institucionales, gubernamentales y socioculturales, que apuntan a realidades diferentes y separadas de la realidad de hoy. En base a la realidad de cada estudiante, el rendimiento académico será diferente. Los contextos sociales, económicas y culturales muestran alumnos con niveles por encima y por debajo del promedio de rendimiento académico.

También resalta el crecimiento exponencial del ingreso de estudiantes a la universidad: en los 90 se hablaba de 2.000 postulantes y de 800 ingresos a la Uagrm; hoy la universidad alberga a más de 90.000 estudiantes y su demanda de ingreso sigue en crecimiento exponencial.

Esta creciente demanda también ha desafiado la forma de atenderlos con mejor infraestructura, más profesores y sobre todo formación personalizada. Las bondades de las nuevas tecnologías, que nos permiten estar conectados todo el tiempo y de manera efectiva, permiten que hoy se transmita el conocimiento a través de las herramientas digitales, mismas que desafían a los profesores de mayor edad a reformular sus modelos pedagógicos de enseñanza y aprendizaje.

Si la actualización no es la constante de los docentes, serán los primeros en formar la brecha de formación acadé- mica y digital entre los estudiantes de diversos continentes. Las universidades tienen que hacer un esfuerzo mayor para generar valor agregado a sus estudiantes y formar en ellos las competencias que demanda el mercado laboral en la era digital. Es aquí donde toma importancia cambiar la currícula de formación y la adopción de nuevas tecnologías para la enseñanza de sus contenidos competitivos.

Pensar en formar profesionales sin competencias disruptivas es un suicidio laboral, hoy las empresas de renombre y globalizadas demandan profesionales con alto contenido diferenciador en sus competencias, como ser los modelos colaborativos, las economías de red, las metodologías ágiles y todas las que ofrece la industria 4.0.

Gracias a las herramientas de la industria 4.0, como la inteligencia artificial, el proceso de enseñanza y aprendizaje es cada vez más personalizado, lo que muestra el avance de lo que aprende el estudiante a lo largo de su carrera, evaluando sus capacidades de buen uso del conocimiento adquirido y acumulado.

También cambia el entorno académico, de aulas tradicionales a los campus flexibles, que permiten al estudiante pensar más de forma colaborativa y creativa. Si no se implementa en la ense- ñanza herramientas como: IoT, Data Science, impresoras 3D, el gaming y la gamificacion, fintech, blockchain, realidad virtual, inteligencia artificial, Big Data, robótica, realidad aumentada, acompañamiento virtual, bots y los chatbots, etc., nuestros estudiantes realizarán su formación profesional solos y nuestra compañía será nula en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Debido a que el estudiante se podrá formar sin poder entrar al análisis y toma de decisiones que viene de parte del docente para generar nuevas competencias.

Hoy, los profesionales del siglo XXI generan valor agregado con el cuestionamiento y relacionamiento de los conocimientos adquiridos. Cinco de cada 10 alumnos acceden a internet y al conocimiento generado en otras partes del mundo, en diferentes formatos como audio, texto, video. Un desafío para las universidades es adoptar esta nueva tecnología, que marcará la diferencia entre la reflexión lírica y la experiencia propia del estudiante.

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