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El despilfarro pasa factura

Editorial El Deber 27/12/2019 03:00

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Todas las decisiones repercuten en realidades. Así está pasando con la economía de Bolivia. El despilfarro de los últimos 14 años comienza a cobrar factura a la economía nacional. De acuerdo con el informe presentado por la Cámara de Industria y Comercio, este 2019 cerrará con el mayor déficit fiscal de los últimos 17 años, que bordea el 9%.

El déficit fiscal significa que el Gobierno desembolsó más dinero del que tenía en su billetera y que lo viene haciendo desde el año 2014. Puede interpretarse que se gastó el dinero de los bolivianos en los últimos cinco años y que ese despilfarro fue en ascenso.

Es llamativo que, siendo 2014 el último año con buenos precios internacionales para las materias primas bolivianas, hubiera sido también la gestión en la que comenzaron los números rojos en la relación ingresos y egresos nacionales, con un déficit del 3,4%. A partir de ese momento, cayó el precio del petróleo y de otros comodities, repercutiendo en la economía boliviana. A pesar de las evidencias, el ex ministro Luis Arce Catacora se empeñaba en vender el discurso de que Bolivia estaba blindada frente a las contingencias internacionales y Evo Morales se empeñaba en gastar y gastar los recursos del país.

Pero los gastos comenzaron antes, cuando a Bolivia le entraban millones de dólares por la venta del gas y por otros ingresos fiscales. El año 2010, Evo Morales decidió la compra de un avión presidencial por $us 38,7 millones; el 2013 fue adquirido un satélite por más de $us 300 millones, con la promesa de que cambiaría la historia de Bolivia en las zonas rurales; en 2014 también se decidió la compra de dos helicópteros franceses por Bs 172,6 millones, los que terminaron siendo usados para llevar a Morales de la residencia presidencial al palacio gubernamental.

Además, en 2014 comenzó la construcción de un nuevo palacio de Gobierno, al que bautizó como la ‘casa grande del pueblo’ por $us 34 millones; mientras que en 2017 inauguró un museo que le rendía culto a su historia y a sus regalos, en Orinoca (Oruro), por un costo superior a los $us 7 millones.

Tras su salida del Gobierno, se supo que del Tesoro General de la Nación salieron millones para financiar pasajes y viáticos a delegaciones extranjeras que venían a hacer política a Bolivia. Entretanto, la planilla del sector público nacional se iba engrosando, subía el presupuesto para la propaganda y hasta se utilizaban los ingresos de empresas estatales, por ejemplo Entel, como la ‘caja chica’ de su partido político. Por el contrario, los cuantiosos ingresos no fueron utilizados para lo importante; sobre todo, la salud que siguió siendo postergada, hasta el último año en que se anunció un presupuesto de Bs 200 millones para la implementación de un seguro universal de salud que aún tiene fallas.

Es sorprendente que en este 2019 todavía no tengamos números rojos y es porque a medida que bajaban los ingresos por exportaciones, el Gobierno iba sacando el dinero de los ahorros (Reservas Internacionales Netas), sin considerar siquiera la posibilidad de una política de austeridad. Las empresas estatales exitosas servían para sustentar el despilfarro y las que eran un fracaso seguían recibiendo financiamiento.

Es altamente probable que el MAS, su jefe y sus militantes, intenten generar el discurso de que la economía marchaba bien cuando ellos estaban en el poder, negando cualquier resquicio de responsabilidad por el estado actual de las cosas. En tal sentido, será bueno que el Gobierno actual transparente las cifras y las mantenga en evidencia, para que los bolivianos no caigan en el engaño de la propaganda de las exautoridades.



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