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Mientras se siembre odio, el dolor será la única respuesta posible para todos, incluso para los que se sienten poderosos. Bolivia está dividida y enfrentada desde hace más de 15 años. Muchas voces son las que han hecho cuanto pudieron para descalificar al diferente. Aún ahora son evidentes las declaraciones extremas que hablan de que solo hay una nación en Bolivia, que las otras no existen o no tienen el mismo valor. La consecuencia de esta verborragia de rencor es que en nuestro país no hay libertad, hay temor y, por tanto, hay exiliados hoy y hubo exiliados en los últimos 14 años.

Durante el gobierno de Evo Morales fueron muchos los bolivianos que salieron del país porque entonces se consideró que la persecución política era la estrategia para deshacerse de los adversarios. En noviembre del año pasado, le tocó a Morales y a varios de sus colaboradores abandonar el país, aún sin procesos en su contra; las denuncias llegaron después. No obstante, ellos también se consideran exiliados políticos.

Ahora, cuando se ha sabido de la muerte de la hermana del ex presidente Morales por complicaciones ligadas al coronavirus, hay que recordar también que, estando en el exilio, el ex ministro Guido Áñez perdió a su padre. Así como ellos, son decenas los que vieron desde lejos cómo sus seres queridos se apagaban o atravesaban dificultades sin que ellos pudieran hacer mucho por remediar esas situaciones. Estaban o están lejos.

Son situaciones extremas que demuestran que la libertad dejó de ser un patrimonio en Bolivia. La judicialización de la política ha dejado un daño profundo, un vacío de entendimiento que se sigue profundizando porque se sigue destilando odio. En este tiempo de nuevas tecnologías, en lugar de usarlas para unir, se las emplea para atacar, para sembrar intrigas y discordia. No de otra manera se entiende que 12 días de bloqueos, alentados a través de las redes sociales, hubieran dejado 40 muertos y millonarias pérdidas, tanto a la economía, como a las vías dañadas por gente malvada con Bolivia.

Mientras el rencor sea la norma que rige las relaciones entre los bolivianos, mientras el odio sea el eje fundamental de los discursos, el país seguirá en el atraso, mirando cómo los vecinos se dan la mano para salir del pozo profundo de las múltiples crisis que azotan al mundo, en tanto que los bolivianos se siguen revolcando en la sin razón.

Ya basta de vivir amenazados por los bravucones que bloquean los caminos. Que la humanidad sea la fuerza que permita salir de este pozo profundo. Ya se sabe que si por ahora se suspendieron los bloqueos, sobre los bolivianos está levantada una espada de Damocles que busca amedrentar.

Hay que saludar los llamados a la paz social, a la reconciliación. Es una tarea que ahora parece difícil, pero cuántas misiones titánicas no se acabaron con éxito en el país.