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28 de octubre de 2017, 4:00 AM
28 de octubre de 2017, 4:00 AM

La medicina ha evolucionado de manera exponencial. Si hoy hablamos de un progreso de dimensiones astronómicas en el campo de la investigación médica, quiere decir, de manera irremediable, que los estándares de calidad dejaban mucho que desear hace poco tiempo. Efectivamente, son muchas las atrocidades que se han cometido en nombre de la medicina en el devenir de la historia. Algunas se perpetraron por desconocimiento, aunque de buena fe; otras por soberbia, y otras tantas por un afán puramente crematístico o lucrativo, aprovechándose de la desesperación de quien creía encontrarse a las puertas de la muerte.

Las sangrías eran prácticas comunes usadas hasta bien entrado el siglo XIX y que consistía en extraer sangre de un paciente a través de un objeto punzante, agujas e incluso sanguijuelas. Lo que se pretendía era equilibrar los llamados, por aquel entonces, humores del cuerpo: sangre flema, bilis amarilla y bilis negra. También procedimientos a base de sales que contenían mercurio y plomo, elementos de una alta toxicidad que provocaba graves trastornos en el desarrollo del sistema nervioso y problemas cardiacos. Hay constancia de trepanaciones, es decir, perforaciones craneanas con fines curativos o preventivos. Con carácter ritual, los egipcios practicaban las denominadas ‘fumigaciones vaginales’ como método anticonceptivo y para evitar infecciones, así como otras discutibles intervenciones quirúrgicas. 

En Bolivia, ‘mala praxis’ es un lastre que pulula en el ejercicio profesional de la medicina y de aquellos llamados centros médicos que atienden clandestinamente con personal descalificado y que han cobrado muchas preciosas vidas en nombre de la perfección estética. El Comité de Lucha contra la Negligencia Médica ha registrado 5.000 casos de incuria, algo así de 200 por año. Solo el 5% de las denuncias han sido resueltas favorablemente.

Falta regular jurídicamente la relación médico-paciente para la aplicación apropiada de sanciones penales, que hoy transitan el Código Sustantivo en sus artículos 260 (homicidio culposo), lesiones gravísimas (270), lesiones graves y leves (271) y lesiones culposas (274). El drama de la mala praxis continúa.

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