Opinión

El escándalo del Banco Unión

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25 de octubre de 2017, 4:00 AM
25 de octubre de 2017, 4:00 AM

Un golpe de timón en el Banco Unión es la última medida frente al escandaloso desfalco de 5,4 millones de dólares. La gerenta general afirma que renunció por la excesiva presión y fue el mismo presidente del Estado quien anunció cambios de fondo en la estructura ejecutiva de la institución. Aunque tardía, la decisión refleja la desconfianza del primer mandatario en los ejecutivos de la entidad financiera, la tercera más grande del país y la que maneja las cuentas fiscales, es decir, el dinero de los bolivianos.

Según normas nacionales, la ASFI y la Unidad de Investigaciones Financieras son responsables de fiscalizar al Banco Unión, donde el 97% de las acciones corresponden al Estado. Además, en el directorio de la entidad hay tres miembros designados por el Ministerio de Economía y Finanzas. La ex gerenta nacional estuvo en el cargo desde 2007 por invitación del directorio. Ella dio a conocer, en primera instancia, que hubo un desfalco de 490.000 bolivianos, pero tuvo que corregirse a los pocos días, porque la cifra defraudada era 76,7 veces mayor (37,6 millones de bolivianos), pero el banco no se había dado cuenta.

Hasta hace escasas horas, se pretendía mostrar que el robo millonario era principalmente atribuible a un funcionario de la sucursal de un pueblo paceño de 17.000 habitantes y a su entorno cercano, pero ha tenido que intervenir el presidente de Bolivia para que, 27 días después del hecho, el banco envíe una lista de 35 funcionarios sospechosos de haber sido parte del delito.

En su discurso, el presidente Evo Morales dejó ver algunos puntos preocupantes: a) que hubo exceso de confianza en profesionales para que manejen el dinero del Estado; b) que no es fácil encontrar gente comprometida y con experiencia para manejar un banco con las características del Unión; y c) que él mismo ha instruido la destitución de cuatro o cinco gerentes para esclarecer el tema, en una intervención directa que salta todas las instancias intermedias de fiscalización.

Sin duda,  el destape del escándalo en el Banco Unión, sumado a los hechos de corrupción denunciados en Emapa, en el Ministerio de Defensa y las sindicaciones de parte de los trabajadores de Entel, están afectando la imagen y credibilidad del Gobierno, lo que complica las ansias de repostulación del presidente Evo Morales y puede ser una de las razones de su intervención directa en el escándalo mayor, que es el de la entidad financiera.

Lo deseable es que haya transparencia en la investigación, que se hagan todos los esfuerzos para recuperar el dinero y que se castigue a todos los responsables sin excepción. No es buena señal que sea el mismo primer mandatario quien demuestre desconfianza en quienes finalmente están administrando los recursos (que ya no son abundantes) de todos los bolivianos. 

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