Opinión

El Evo, el papa y el Tipnis

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25 de agosto de 2017, 4:00 AM
25 de agosto de 2017, 4:00 AM

Es sabido que los indios aimaras no leen libros; leen las arrugas de los ancianos. Se deduce, por lo tanto, que Evo no ha leído Laudatio si, la encíclica publicada por el papa Francisco en 2015, a quien Evo tuitea y tutea confianzudamente como si fuera su cumpa de toda la vida. En diciembre, Evo le envió un mensaje: “Querido Francisco: Te felicito por tu cumpleaños y te deseo...). Y el papa le sigue el juego, lo recibe en audiencia especial y lo invita a cenar a solas, en su residencia del Vaticano, donde Evo seguramente le cuenta cuentos chinos y le informa que Cristo fue “el primer socialista de la historia”. Ni el mismísimo cardenal Gerhard Müller, exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuvo el privilegio de comer a solas con este papa, que lo destituyó el pasado 1 de julio, dizque por no ser un teólogo del cambio. 

Como el papa Francisco no les da pelota, varios obispos de Bolivia viajarán a Roma –dentro de una semana– a explicarle ‘al líder del sindicato católico’, el misterio masista de la ‘tangibilidad de lo intangible’, según la ley 266 que legaliza lo ilegal en el Tipnis. Sospecho que, ante todo, van a rendirle cuentas. El Gobierno –a través de unas injurias de Galo Bonifaz, viceministro de Transportes– ha acusado al clero boliviano de ser dueño del Tipnis. Le hace nada menos que propietario del 80% del Parque Natural (¡el ochenta por ciento!) y de ser cómplice del narcotráfico (¡!) y socio de empresas madereras y ganaderas (sic). Son palabras mayores que el viceministro está obligado a probar, aunque no lo hará, tal como está la diosa Temis –la diosa de la justicia– en estos tiempos de feminicidio y abuso de mujeres. 
Evo Morales era diputado cocalero por Cochabamba (1997) cuando prometió entregar las tierras del Tipnis a “los compañeros campesinos sin tierra”, que no eran, por supuesto, los mojeños, yuracarés y chimanes, a los cuales no tenía que entregarles nada porque el Tipnis era su hábitat natural de siempre. A partir de 2006 quedó claro que “los compañeros campesinos sin tierra” eran los aimaras y quechuas que han venido avasallando el oriente de Bolivia. Estos loteadores andinos fueron quienes votaron a favor de la carretera, en la consulta del año pasado. Así se explica que Evo eligiera la capital del Beni para la firma de la ley 266 del Tipnis. Se hizo el camba, implicó a los benianos en el desaguisado y, de paso, acusó a los cruceños de sabotaje. ¿Por qué no firmó su ley en el Tipnis, con los suyos? La única que no se dejó meter los dedos en la boca fue la activista María Galindo. Hace días escribió que se trata de “un proyecto de colonización colla-aimara-quechua y cocalera sobre los pueblos indígenas amazónicos” (“La misma porquería” / Página Siete. La Paz, 09.08.2017). ¿Alguien quiere leerle en voz alta, al presidente Evo, la encíclica “Laudatio si”? // Madrid, 25.08.2017.  

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