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Patricia Hurtado, Founder – FUNDACION IGUALES


No existe una receta mágica para lograr el éxito corporativo, aunque los analistas y los corporativos abunden sobre distintos aspectos que hacen crecer y escalar a una empresa, está claro que el éxito empresarial depende de varios factores y no está descrito en un manual de instrucciones. Sin embargo, hay aspectos comunes entre las empresas que rompen paradigmas y pasan de ser grandes a ser grandiosas. Jim Collins en su libro “De buena a Grandiosa” (Good to great) ha señalado alguno de estos aspectos, entre los cuales resaltamos el rol del líder, el que antepone los intereses de la empresa a su ego personal, parecería fácil que esto suceda en la práctica, pero en nuestro ecosistema empresarial a menudo se encuentran jefes egocéntricos que no están dispuestos a aceptar sus errores. El verdadero éxito empresarial tiene al frente a un líder maduro, humilde, que busca resultados positivos guiando a su equipo con el ejemplo, y que está dispuesto, como dice Simon Sinek, a comer al final, porque tiene claro que las posiciones altas no te alejen del equipo, sino que te acerquen a todos.


Cuando una empresa cuenta con un líder desprendido, esto permea a todo el equipo y los pone en disposición de enfrentar la realidad de forma valiente por muy terrible que sea.  El líder transformador tiene claro que la cultura de la organización y las capacidades de las personas para desenvolverse son claves para apuntalar los desafíos adaptativos, los retos y las transformaciones.


Otro aspecto crucial para construir una empresa grandiosa es alejarse del groupthink o  “pensamiento de grupo”, éste concepto introducido por el psicólogo Irving Janes hace referencia a que cada miembro del equipo intenta alinear su opinión al consenso del grupo, impidiendo de esta manera que afloren opiniones diversas, lo cual sesga la realidad y conduce a tomar decisiones  malas o irracionales. El pensamiento de grupo lleva a que las personas se acomoden a la opinión que prevalece en el grupo aunque no coincidan de forma individual, siempre escucharemos personas que en ámbitos de confianza dicen: “ Se tomo esta decisión aunque yo personalmente no estoy de acuerdo”. La explicación se la puede encontrar en la ausencia de espacios para generar dinámicas de inteligencia colectiva en la que todos pueden aportar con libertad. El pensamiento de grupo suele alimentarse de presión o necesidad de ser aceptado o no ser marginado por pensar diferente, encuentra su máxima expresión cuando la empresa u organización están al mando de un líder autoritario. Este tipo de esquemas daña las organizaciones porque les impide recoger la riqueza de diferentes perspectivas y por ende diseñar acciones certeras.


La combinación de líderes desprendidos y visionarios, diversidad de pensamiento y cultura de equipo soplará siempre a favor del paso de una empresa grande a empresa grandiosa.

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