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El fin de la “guerra de los mundos”

Pablo Mendieta 27/3/2020 07:03

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La noche del 30 de octubre de 1938 dos millones de estadounidenses se sobresaltaron por la ocupación extraterrestre. Esa noche escucharon en radio cómo los marcianos comenzaron a invadir el planeta.

Lo que pasó en realidad es que una radio hizo una dramatización de la novela La guerra de los mundos, del escritor H. G. Wells, escrita en 1898. Dicha obra luego fue interpretada varias veces en el cine, contando la del famoso Tom Cruise en 2005. Sin ánimo de “espoilear” o revelar la trama, la invasión extraterrestre fracasa en la novela porque los marcianos mueren infectados por gérmenes.

Específicamente, Wells escribió: “Los gérmenes de las enfermedades han atacado a la humanidad desde el comienzo del mundo, exterminaron a muchos de nuestros antecesores prehumanos... No sucumbimos sin lucha ante el ataque de los microbios, y muchas de las bacterias.”

Varias décadas posteriores nos encontramos en una nueva batalla de sobrevivencia frente a un virus en particular: el Covid-19. Hasta el 25 de marzo, 425.000 infectados y 19.000 fallecidos.

No es la pandemia más grave. Por ejemplo, la influenza A(H1N1) de 2009 mató más de medio millón de personas, la “gripe asiática” de 1958 hasta cuatro millones y la del sida, 32 millones desde 1980. Eso sí, ninguna se compara con la “gripe española” de 1918, cuyo efecto habría estado entre 50 y 100 millones de vidas.

¿Por qué entonces la preocupación? La inquietud surge de que hoy tenemos un mundo mucho más interconectado que antes con más de 120.000 vuelos diarios por día, porque somos cerca de 8.000 millones de personas (tres veces más que en 1950) y porque la tasa de contagio sería mayor a la de la influenza y de la A(H1N1).

No todo es alarma. Por el contrario, creo que debemos tomar conciencia de la diferencia que tenemos a favor: conocemos qué es específicamente, sabemos cómo diagnosticar y también qué estrategias son más efectivas, sin contar que ya se prueban vacunan, aspectos que no estaban presentes en las pandemias anteriores. 

Como dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la primera pandemia en “tiempo real” porque sabemos minuto a minuto qué pasa y dónde, además que es controlable, como lo muestran China y Corea del Sur.

Lo que más nos ha costado es contar con sistemas institucionalizados para enfrentar esta pandemia. Por ejemplo, en varios países ha existido la disputa entre diferentes niveles de gobierno por quién debe tomar la medida. De igual forma, se requieren protocolos sanitarios que sean a la vez informativos, basados en la evidencia e inclusivos. 

Por tanto, algo que debemos hacer a la luz de lo que pasa es ver cómo hacemos nuestro sistema de salud a prueba de epidemias y pandemias, así como para proveer una atención adecuada a males comunes. 

Esta discusión no es solo local, sino que va más allá de las fronteras. Por ejemplo, el pasado 16 de este mes se lanzó el libro Muertes por desesperación y el futuro del capitalismo del premio nobel de economía Angus Deaton y la investigadora Anne Case, donde abogan por cambiar el sistema de contribución laboral por un seguro universal contributivo.

Existe una rama de mi profesión con importancia creciente que es la economía de la salud, que se dedica a ver cómo podemos asignar mejor los recursos para proteger el bienestar sanitario. 

Es particular porque a nivel global el mercado de la salud tiene alta intervención estatal, incertidumbre generalizada y cambiante, falta de información de usuarios y proveedores, además de las externalidades que implica para la sociedad la enfermedad y la salud. 

La actual crisis nos está costando vidas, empleos y empresas en el mundo. Debemos asegurarnos de que la siguiente pandemia no nos tome por sorpresa.
Como escribió Wells, “con un billón de muertes ha adquirido el hombre su derecho a vivir en la Tierra y nadie puede disputárselo; no lo habría perdido, aunque los marcianos hubieran sido diez veces más poderosos de lo que eran, pues no en vano viven y mueren los hombres.”

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