Opinión

El fin de la historia a la boliviana

25 de septiembre de 2022, 4:01 AM
25 de septiembre de 2022, 4:01 AM


Todos los días la propaganda oficialista nos bombardea: Estamos saliendo adelante, la economía va muy bien rezan las consignas desde la cúspide del poder. Pero si uno busca salir del ruido del adoctrinamiento debería preguntarse ¿Estamos bien en relación a qué? No hay bienestar absoluto. Por lo tanto, los puntos de comparación son claves. Pueden existir varios, por ejemplo:¿Estamos mejor que el vecindario? ¿Estamos mejor que en el pasado? ¿Estamos mejor que el ideal que nos propusimos? En algún momento se hablaba de que Bolivia iba camino a Suiza.

En este último caso, el relato ideológico se construye de la siguiente manera: lo que nosotros estamos haciendo a nivel económico y social, es lo mejor que hay en el concierto de la ideas, y es lo podemos alcanzar como país. Estamos bordeando la perfección frente al espejo. Una especie de fin de la historia a la boliviana. Cabe recordar que los años noventa, Francis Fukuyama, un cientista político norteamericano, había afirmado que el modelo neoliberal y la democracia eran los sistemas perfectos, más allá de ellos no había nada mejor. La humanidad había alcanzado el zenit económico. Ahora, en la versión local, el modelo estatista, primario exportador y comerciante, coquetamente rebautizado como el modelo económico, social, comunitario y productivo es el alfa y omega de la humanidad. Estamos tocando en Nirvana del modelo de desarrollo.

El Gobierno nacional utiliza algunos indicadores económicos y sociales para presentar su modelo como el fin de la historia, en una versión de izquierda. Por todos los medios machaca, que Bolivia recuperó el crecimiento al 6,1%, que la tasa de desempleo es del 4,2% y registra la inflación una de las más bajas de América Latina un 1,6% a 12 meses.

En el campo social nos dice que entre el año 2000 y el 2021. La tasa de pobreza se ha reducido del 66,4% al 36%. La pobreza extrema en el mismo periodo habría disminuido del 45,3% al 11%. La esperanza de vida aumentó de 62 a 72 años, y la tasa de finalización de la escuela primaria subió del 84 al 99%.

Por supuesto, es una lectura parcial, interesada e ideológica de la realidad económica y social. Leen la espuma de la historia. Es la construcción de la narrativa política del proceso de cambio.

Pero existen otras lecturas, de los mismos datos presentados por el Gobierno. En el caso del producto interno bruto (PIB), el crecimiento del 6,1% es un efecto rebote que viene del -9% de recesión. En los hechos, desde 2014, la economía boliviana se viene achicando; es decir, creciendo cada vez menos. Lo que pasó en 2021 es excepcional. De hecho, conociendo la tasa de crecimiento del primer trimestre del 2022, 3,97%, vemos que probablemente estamos volviendo a la tendencia de largo plazo de la economía, que es de crecimiento bonsái. En una perspectiva de 100 años, la economía crece en torno del 3%. Nada nuevo bajo el sol, porque caminamos en círculos en el modelo primario extractivista.

Cuando uno mira la tasa de desempleo baja (4,2%) más en detalle, va a descubrir que esta cifra oculta una enorme precariedad en el trabajo. Más del 80% de la gente que tiene una ocupación en el sector informal, en actividades de muy mala calidad, sin seguro médico, ni programas de jubilación. A rigor, son estrategias de sobrevivencia. Llamar empleo de estas actividades es exceso conceptual. Y esto no es un tema simplemente coyuntural de la crisis de la pandemia. Una de las bases del modelo económico, primario, exportador y comerciante es promover el “empleo” en el sector informal (comercio y servicios) de muy mala calidad.

La tasa de inflación baja, por supuesto, es algo que la población aprecia, pero también es importante saber que ésta tiene un costo elevadísimo en términos de déficit público y pérdida de reservas internacionales. Para mantener estos precios tan bajos, la economía boliviana tiene subsidios enormes en varios sectores, especialmente alimentos e hidrocarburos, este último, en 2022 puede superar los $us 1.000 millones. Además, los precios bajos se explican por la apreciación del tipo de cambio real que ayuda a comprar productos baratos de los vecinos. Para importar inflación baja, el Gobierno quemó parte de las reservas internacionales. Estas bajaron de $us 15.000 millones en 2014, a $us 4.200 millones en la actualidad. En algún momento debemos sincerar esta política cambiaria.

En el caso del área social, los temas son más controvertidos porque si bien la pobreza ha bajado, tanto la extrema como la moderada, solo estamos viendo el fenómeno monetario o de ingresos. Eso significa que más bolivianos viven con más de 2 dólares al día huyendo de la pobreza moderada y que también han aumentado los bolivianos que viven con más de 1 dólar al día, mejorando el índice de la pobreza extrema. 

Sin embargo, la dimensión de ingreso de la pobreza es una visión parcial del fenómeno social. Para tener un panorama más completo de la pobreza, debemos incluir una lectura multidimensional de esta. Saber cuál es la situación de la salud, la educación, el saneamiento básico, el transporte, el acceso y la calidad del empleo, el ejercicio de las libertades y derechos, y tanto seguridad humana como alimentaria de la gente. En este caso, según el estudio elaborado por el Cedla (Pobreza multidimensional y los efectos del Covid 19 en Bolivia), el país registraba, en 2019, que el 62% de su población puede ser caracterizada como pobreza multidimensional. Puedo que tenga un poco más de plata en el bolsillo, en base al crecimiento del sector informal, pero sus servicios sociales siguen cercanos a Haití.

Así mismo, la pobreza multidimensional empeoró con la pandemia. Más niños van a la escuela, pero la educación que reciben es de muy mala calidad, peor con el apagón educativo que se produjo con la cuarentena. También el Covid-19 mostró la precariedad del sistema de salud.

Por lo tanto, un diagnóstico más profundo de la realidad muestra que la procesión de la crisis se lleva por dentro. Más allá del maquillaje macroeconómico, persiste o se han profundizado temas estructurales como: el agotamiento del ciclo del gas natural, serios problemas de productividad y competitividad del sector productivo, escasa formación de capital humano, la pobreza multidimensional, destrucción del medioambiente, la crisis fiscal, el atraso cambiario, los subsidios a los hidrocarburos que es insostenible, el colapso del sistema de justicia, la economía informal que mayormente se alimenta del contrabando y el narcotráfico, entre otros. En suma, el fin de la historia a la boliviana es el viejo modelo de capitalismo estatal de amiguetes que navega en un mar de informalidad.

Tags