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2 de octubre de 2018, 11:00 AM
2 de octubre de 2018, 11:00 AM

El mar, un sueño permanente de una sociedad enclaustrada mentalmente en el sentimentalismo del pasado cuyo final terminó siendo efímero, ha traído consigo una consecuencia inimaginable para los intereses estratégicos de Bolivia.

Acudir a la Corte Internacional de Justicia resultó ser una idea errónea cuyos argumentos históricos subjetivos no fueron lo suficientemente contundentes para convencer a los jueces que Chile tenía la obligación de negociar un acceso soberano.

La carencia de una diplomacia efectiva afianzada en lo ideológico y alejada de toda objetividad política junto con la ausencia de un lobby internacional real con actores de poder conllevan a resultados poco esperados.

Una situación a considerar son los efectos políticos internos, esto repercutirá de manera directa tanto en el Gobierno como en la oposición, la utilización del mar como propaganda política y no como política de Estado será para ambos un golpe adverso de credibilidad ante la población.

Resta ahora replantear un nuevo enfoque que parte desde dos ámbitos, uno interno y otro externo. Primero internamente, por la concepción de una nueva visión de la política exterior en un contexto regional y global, una reestructuración de los recursos humanos de la Cancillería boliviana y la coordinación entre varios organismos que permitan generar una política de Estado basada en intereses nacionales transversales a mediano y largo plazo.

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