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10 de febrero de 2018, 4:00 AM
10 de febrero de 2018, 4:00 AM

El país vive una nueva realidad demográfica, donde sobresalen el empuje de 74 ciudades intermedias y el ascenso generacional de los millennials, que el próximo año constituirán casi la mitad del electorado. Este contexto supone importantes desafíos, relacionados con la necesidad de facilitarle alternativas de empleo, producción y educación a las formaciones urbanas emergentes y a esa gran cantidad de jóvenes que comienza a incorporarse a la vida económica y social. Por supuesto, el Gobierno nacional tendrá mucho por hacer al respecto, sobre todo con una nueva administración que pueda construir un marco general de seguridad jurídica, respeto a la propiedad, justicia ágil y diplomacia de comercio internacional sin ideologías.


Pero las nuevas teorías del desarrollo que están siendo aplicadas en el mundo indican que un rol fundamental en este campo debe ser asumido por los gobiernos departamentales y municipales, aquellos que están más cerca de los actores económicos de la sociedad civil. Esa experiencia señala que los polos de desarrollo son mejor gestionados y facilitados desde las administraciones subnacionales, que en este nuevo esquema tienen la responsabilidad de construir alianzas entre sector público, empresarios y universidades, para la creación de verdaderos ecosistemas de innovación, emprendimiento y creatividad.


Ejemplos de estas concentraciones territoriales son la costa oeste de Estados Unidos y regiones de Italia y Alemania, donde la proximidad y confianza entre agentes productivos, comunidades de investigación científico-tecnológica y autoridades de regulación moderada genera una densidad de servicios proclive a un desarrollo sostenido. Esta fórmula es mucho más eficiente que la visión centralista aplicada por el MAS, que ha pretendido instalar polos industriales en diversas partes del país planificándolos desde la sede de Gobierno, con el resultado fallido que incluye ingenios azucareros en zonas sin caña y plantas de urea lejos de los mercados de exportación.


Los gobiernos departamentales pueden tener un gran futuro como herramientas para el despegue de los polos de desarrollo, algo para lo que harán falta recursos vía pacto fiscal y, a medida que estos se materialicen, reformas jurídicas para la ampliación del catálogo de competencias.

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